ARTÍCULO DE FONDO: Black Lives Matter: en nuestras calles, en nuestros lugares de trabajo, en nuestros sindicatos

ARTÍCULO DE FONDO

Global Worker No. 2 noviembre 2020

Texto: Cherisse Gasana

Tema: Racismo y movimiento sindical

"Basta ya"

El desprecio por la vida de los negros que se demuestra con injustificados asesinatos y abusos por parte de la policía no se limita a lo ocurrido en EE. UU., sino ocurre en todo el mundo. El racismo se manifiesta en los crueles asesinatos a manos de la policía y también en la injusticia económica; políticas económicas que promueven la pobreza y la violencia en comunidades divididas por origen étnico en todas partes. Esto se demuestra más claramente por el hecho de que las personas de color se ven desproporcionadamente más afectadas por Covid-19.

La sombra del largo historial de esclavitud y colonialismo

El racismo en los EE. UU. es la persistente sombra proyectada por la esclavitud. El racismo sistémico en la economía global es el legado del colonialismo. Con el aumento de la inseguridad laboral y la austeridad en las economías occidentales que están acogiendo a nuevas generaciones de migrantes, hacen del racismo una gran amenaza para la cohesión social. Las medidas de austeridad están alimentando la desigualdad racial y la discriminación, afectando de manera desproporcionada a las personas de minorías raciales y étnicas.

La ola de protestas ha llevado a la gente a concluir que existe una relación entre el racismo en las calles de sus ciudades y lo que está sucediendo en todo el mundo. Al estudiar detalladamente el racismo en las sociedades occidentales se nota el racismo sistémico que se ha incorporado a la economía global, que todavía tiene las cicatrices del colonialismo: los países occidentales ricos que extraen valor de los países pobres con poblaciones negras y con minorías étnicas constituye racismo a escala global.

Esta es la razón por la que los avances recientes en el derecho internacional y nacional, como el tratado vinculante de la ONU sobre empresas y derechos humanos, son tan importantes en la lucha contra el racismo sistémico en la economía global. Hacer que las corporaciones sean responsables de lo que sucede en sus cadenas de suministro pone en cuestión la dinámica de explotación que ha existido desde tiempos coloniales.

Un instrumento vinculante de la ONU podría establecer un nuevo punto de referencia mundial para las empresas y los derechos humanos. También podría constituir en los países pobres una herramienta anticolonial que se podría utilizar para reequilibrar las relaciones de poder entre las grandes empresas y las personas.

¿Por qué sucede esto ahora?

La comunidad mundial de jóvenes junto a la clase trabajadora se hallan indignados: han salido a las calles pidiendo cambios de verdad.

“Nuestro mundo se está muriendo” 

“el cambio climático es real”

“todavía existen la opresión y el racismo”

“el sistema económico no funciona a nuestro favor, nunca lo ha hecho”.

El movimiento contra el racismo no es nuevo, pero ahora su alcance global y el nivel de indignación no tienen precedentes. La indignación es notoria e imposible de pasar por alto, sea donde sea el lugar donde uno vive o el color de su piel. A medida que el movimiento se aceleraba en medio de la pandemia de Covid-19, el mundo prestó más atención a la exasperación de las personas afectadas por el racismo.

Como movimiento sindical mundial, siempre nos corresponde analizar críticamente quiénes somos y cómo funcionamos. Nuestro mundo está cambiando y en estos tiempos sin precedentes se ha hecho evidente que el sistema global no funciona. Este mismo sistema en que luchamos todos los días por la justicia no solo está inservible: nunca funcionó bien.

Los sindicatos reconocen el problema

En principio, los sindicatos están comprometidos con la lucha contra el racismo. Sin embargo, en la práctica, las estructuras sindicales reproducen con demasiada frecuencia las desigualdades de las sociedades donde existen. Los dirigentes sindicales frecuentemente no se parecen a los trabajadores/as que representan.

Entre diciembre de 2016 y febrero de 2017, la TUC (central sindical británica) realizó una encuesta sobre el racismo en el trabajo. La encuesta demostró claramente que existen graves problemas en el movimiento sindical que requieren atención urgente. En base a esta encuesta, la TUC se encargó de producir un informe, “Racism Ruins Lives” (El racismo arruina vidas), en el que se pone de relieve los problemas que el movimiento sindical debe abordar con urgencia.

Recientemente, el Comité Asesor Sindical de la OCDE (TUAC) organizó una conferencia en línea sobre la lucha contra el racismo y la discriminación étnica en la economía, en la que se destacaron los siguientes tópicos:

“Desde hace mucho años, los sindicatos han estado a la vanguardia en la lucha contra todas las formas de racismo y discriminación en el lugar de trabajo y en la sociedad. En la actualidad, la mayoría de los países de la OCDE han tomado medidas para combatir la discriminación; la mayoría de los países han ido más allá de la legislación contra la discriminación, al implementar medidas adicionales de diversidad, y reconociendo que las políticas contra la discriminación por sí solas no pueden eliminar los obstáculos estructurales que enfrentan los grupos marginados. Sin embargo, se ha demostrado que se debe hacer mucho más".

¿Es correcta la forma de lucha de los sindicatos? 

Sobre este tema candente del racismo, los sindicatos han participado en el debate y en su mayor parte parece que están tomando medidas para procurar que la diversidad se tome en serio dentro de sus estructuras. Hacen que la diversidad figure en los convenios colectivos, dialogan internamente sobre el racismo institucional, y capacitan al personal sobre prejuicios inconscientes. La política general es buena, pero ¿es suficiente para lograr un verdadero cambio?

¿Deberíamos preocuparnos porque nuestras estructuras sindicales se parecen a las de la mayoría de las multinacionales:

“blancas, viejas y muy arraigadas”?

Es problemático, pero es nuestra realidad. ¿Hemos introducido estas estructuras no representativas en nuestro ADN?

Breve mirada introspectiva a parte de nuestra historia

Mucho antes de la revolución industrial, durante miles de años, Europa dependía de redes comerciales para poder acceder a bienes tales como el oro, la plata, piedras preciosas, especias y telas. Muchos de estos productos procedían de África y Asia y se transportaban a Europa por tierra, ríos y por mar.

Como Europa quería tener mayor acceso a estas fuentes de riqueza, comenzó a explorar esas tierras lejanas. A consecuencia de estos viajes, aumentó el comercio, con lo cual Europa se fortaleció de manera significativa, impactando poderosamente la forma en que funciona el mundo actual.

La población europea aumentó, los ejércitos se estructuraron de modo más formal, con mejores armas que se producían en las fábricas. Muy rápidamente, las potencias europeas pudieron adueñarse de nuevas tierras, dando paso a la invasión, ocupación, división y colonización del África y la esclavización de los africanos.

La colonización y el comercio de esclavos fortalecieron no solo a Europa sino también a América, permitiendo que sus sociedades prosperaran a costa de los esclavos y durante muchos años de saqueo. Resultado de esto fueron sus propias y prósperas revoluciones industriales.

La idea de que los africanos eran inferiores y bárbaros surgió durante el siglo XVIII para justificar la esclavitud y la conquista. Estas ideas raciales estaban dirigidas a los africanos en el África, así como a los esclavizados en el Nuevo Mundo. Estos estereotipos están ocultos en la historia que aprendemos en la escuela, están presentes en nuestras instituciones y gobiernos e influyen para determinar quiénes tienen el poder en la economía global de hoy.

En el siglo XIX, la revolución industrial cambió el panorama. Crecieron las industrias, así como la clase trabajadora. Los trabajadores/as se enfrentaban a condiciones laborales difíciles y tenían muy poco poder individual para mejorar sus situaciones. Los trabajadores y trabajadoras recurrieron a la sindicalización para influir en su entorno. Este período de sindicalismo generó la mayoría de los beneficios de los que disfrutamos hoy como trabajadores/as.

¿Cómo hacer que los cambios se efectúen en la realidad?

Comprender el racismo sistémico es difícil, según el planteamiento de cada persona. Sin embargo, existe y ha existido desde hace mucho tiempo. Está arraigado en los gobiernos, las instituciones, la educación y la economía mundial, pero, lo que es más importante, no importa el color que tengamos, lo que importa es que el racismo también está arraigado en nosotros mismos.

La fuerza de trabajo que representamos se ha vuelto más diversa, pero los sindicatos demoran demasiado en hacer lo mismo. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores/as de diverso origen étnico constituyen una gran parte de la fuerza laboral.

Como representantes de los trabajadores/as, los sindicatos realizan la noble lucha con la esperanza de crear un mundo más justo. Pero debemos pensar por un momento y preguntarnos si en nuestras propias estructuras no estamos reproduciendo las mismas prácticas de este sistema inservible. De no interrogarnos de este modo para corregir herencias erróneas, entonces nuestra lucha no sería más noble que la de las multinacionales que se esfuerzan por no rendir debida cuenta por las violaciones de los derechos humanos en sus cadenas de suministro.

Las multinacionales cuyos productos alimentan, incitan y satisfacen las necesidades de nuestros consumidores modernos también funcionan y prosperan gracias a los trabajadores/as en sus cadenas de suministro, las cuales tienen antecedentes bochornosos. Muchas veces, la represión y explotación de las comunidades son la terrible verdad detrás de los productos que producen y que consumimos todos los días.

Hoy en día, la gente tiene más cuidado y sabe dónde gasta su dinero. Muchos consumidores ya no aceptan apoyar aquellas empresas que guardan silencio sobre el racismo o que sean ellas mismas racistas.

Con esto en mente, las empresas son muy hábiles en cuanto a embellecer su imagen donde sea importante. Su estrategia para continuar prosperando en un mundo injusto es hacer cambios superficiales que no son significativos pero que son suficientes para atraer nuevamente a sus clientes.

¿Hacen lo mismo nuestros sindicatos? ¿Por qué afiliarse a un sindicato que carece de diversidad para representarte adecuadamente y que propaga el racismo institucional?

Si bien algunos sindicatos están tomando medidas concretas para aumentar el respeto por la diversidad, la forma como lo hacen a veces puede desalentar a los trabajadores/as jóvenes que están preocupados por el mundo que heredan.

Es importante contar con comités de mujeres en las estructuras sindicales, pero esta política sindical tiene que estar reforzada por la presencia de mujeres en puestos de toma de decisiones. Lo mismo ocurre con los comités de jóvenes y de los comités de diversidad, éstos deben reflejarse en los puestos encargados de tomar decisiones.

¿Cómo pueden los sindicatos cambiar realmente las condiciones de empleo para la clase trabajadora si no están dispuestos a cambiar radicalmente sus estructuras para representar mejor a estos trabajadores/as? La membresía sindical está disminuyendo y estamos demorando mucho en tomar medidas e introducir cambios para adaptarnos a las necesidades de la actual fuerza de trabajo a nivel mundial. Sus problemas son claros y para comprenderlos debemos identificarnos con ellos. El cambio estructural radical es la única respuesta para abordar realmente no solo el racismo, sino también la igualdad de género y la representación de los jóvenes.

Fue a través de la representación real durante la revolución industrial que se establecieron cambios reales para la futura clase trabajadora. Los viejos ricos no eran los que estaban al frente de la lucha. Los verdaderos héroes de esa época fueron los que tenían que soportar la dura realidad del trabajo peligroso, las horas de trabajo interminables y los bajos sueldos. 

El papel del sindicato global

Los sindicatos mundiales se han destacado mucho más en la última década debido a la globalización y la necesidad de que los sindicatos cooperen de manera más efectiva a través de las fronteras nacionales. 

Participamos en una amplia gama de actividades, incluyendo el apoyo a las organizaciones afiliadas, especialmente en las economías en vías de desarrollo, presionando a agencias internacionales para promover los intereses y derechos humanos de los trabajadores y trabajadoras, procurando la sindicalización y acciones de solidaridad internacional, y participando en negociaciones colectivas a nivel mundial con grandes multinacionales y organizaciones de empleadores. 

Uno de los principios que surgieron de las federaciones sindicales mundiales como IndustriALL Global Union es que funcionamos en base a un sistema de solidaridad. Nos financian sindicatos de todo el mundo, y los sindicatos más ricos del hemisferio norte pagan más, en tanto los sindicatos de las economías emergentes pagan menos.

Nuestros proyectos financiados con fondos externos funcionan de manera semejante. El dinero de los países más ricos o de las instituciones del occidente se utiliza para financiar proyectos en los países en vías de desarrollo para crear sindicatos y desarrollar la capacidad para representar mejor a los trabajadores/as del hemisferio sur. El propósito es superar el legado del colonialismo que deja en desventaja a los trabajadores/as de estos países.

Tengamos en cuenta este aspecto del racismo: el racismo es el sistema que permite que el grupo racial que ya está en el poder conserve ese poder; es la creencia de que la personalidad, la conducta y la moral se remontan a la raza de la persona, y la creencia de que una raza es superior a otra.

Nuestra tarea es noble en esencia, pero también muy delicada y frágil. Tenemos que empoderar a los sindicatos en los países en vías de desarrollo sin perjudicar su integridad y autonomía. No podemos imponerles formas occidentales de hacer las cosas. La solidaridad no es cuestión solo de apoyo material, y no fluye en un solo sentido: también se trata de escuchar y aprender unos de otros. Los sindicatos globales no son organizaciones benéficas que apoyan a sindicatos clientes en países en vías de desarrollo.

Los sindicatos de occidente no son superiores ni mejores. El occidente se ha beneficiado de una historia terrible y, relativamente, esto ha otorgado cierto poder a sus sindicatos. Ya es hora de usar ese poder para lograr el cambio, un cambio radical y real.

Diez años después de la Primavera Árabe, los sindicatos de la región hacen balance

Al inicio de la reunión, el vicepresidente de IndustriALL, Abdelmajid Matoual, señaló que, aunque la pandemia ha creado un panorama sombrío a corto plazo para los trabajadores de la región, es demasiado pronto para predecir las consecuencias. La pandemia también brinda una oportunidad para reflexionar:

“Debemos cambiar la forma en que pensamos”, expresó, “la forma en que nos organizamos. Debemos trabajar de nuevas maneras para promover la unidad: sindicatos fuertes que luchen juntos para defender los derechos de los trabajadores”.

El secretario general de IndustriALL, Valter Sanches, afirmó que el Día de los Derechos Humanos es una oportunidad para reflexionar acerca de la defensa de los derechos humanos, especialmente debido a que la pandemia ha provocado ataques contra los trabajadores a nivel mundial. La crisis sanitaria está generando una crisis económica.

“Los especuladores de la pandemia, en particular las empresas como Amazon y los grandes jefes de la economía de los pequeños encargos, han hecho una fortuna con la pandemia”, declaró. “Los sindicatos deben luchar por estímulos económicos para lograr una recuperación verde”.

El secretario general adjunto, Kemal Özkan, señaló que han pasado diez años desde la erupción de la Primavera Árabe:

“Ese momento nos dio mucha esperanza para el futuro, para la libertad y la democracia. En cambio, hemos experimentado turbulencias y conflictos, y para muchos países la situación es peor ahora que hace diez años. El único aspecto positivo es la creciente fuerza y unidad del movimiento sindical de la región”.

Özkan señaló que Oriente Medio y África del Norte es la región más devastada por conflictos en el mundo. Tiene una población en crecimiento, alto desempleo y un panorama económico desfavorable que depende demasiado de la exportación de combustibles fósiles.

Con represiones de manifestaciones y arrestos en algunos países y restricciones de confinamiento en toda la región, los delegados informaron que la pandemia ha hecho que la sindicalización sea más difícil que nunca. Muchas empresas del sector privado, que incluyen empresas de ingeniería, automotrices y aeroespaciales de Argelia, Túnez y Marruecos, han despedido o no han pagado a sus trabajadores.

En muchos países, las finanzas públicas se han visto afectadas por la caída del precio del petróleo y los trabajadores del sector público no han cobrado sus salarios. En Irak, no se ha pagado a los trabajadores de la electricidad durante seis meses. No hay ningún diálogo con los sindicatos.

Sin embargo, también existen aspectos positivos: en Jordania, el sindicato textil JTGCU inició negociaciones tripartitas con representantes del gobierno y de los empleadores al comienzo de la pandemia. El convenio alcanzado aseguró puestos de trabajo, niveles salariales y cobertura de salud para los trabajadores del sector, muchos de ellos mujeres migrantes. En Palestina, el sindicato textil pudo llegar a un convenio similar después de comenzar las negociaciones una semana después de que el país informara su primer caso de coronavirus. En Marruecos, el sindicato del sector del fosfato SNTP-CDT obtuvo un bono COVID para mitigar el impacto de la pandemia y en reconocimiento a sus esfuerzos para mantener la producción.

Otro punto positivo está relacionado con la posición de la mujer. Muchos delegados informaron que habían logrado aumentar la representación femenina en las empresas y en sus sindicatos, así como defender los lugares que ocupan las mujeres en la sociedad. Hashmeya Alsadawe, de Irak, informó desde el comité de mujeres.

Imagen principal: en Irak, los trabajadores de Basrah Gas Company protestan este verano contra la falta de pago de los salarios

Bielorrusia – los derechos humanos se deben respetar

Nadie podía predecir que, 70 años después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), Bielorrusia se vería sumido en una enorme incertidumbre debido a elecciones presidenciales fraudulentas.

Desde agosto de este año, los grupos de protección de los derechos humanos han constatado más de 30.000 detenciones, se han abierto más de 900 casos penales contra manifestantes, se ha detenido a 373 periodistas y 156 presos políticos, y a hay al menos siete personas muertas en relación con las protestas. Además, ha habido 4000 declaraciones de tortura durante y después de las detenciones, y no se ha concluido ni una sola de las investigaciones contra la policía involucrada en atropellos y actos de violencia en las protestas pacíficas.

Los derechos de los trabajadores han sido gravemente violentados desde que el régimen actual llegó al poder en 1994, pero la magnitud de las represiones recientes supera todos los casos denunciados anteriormente. Los afiliados bielorrusos de IndustriALL informan de cientos de detenciones, despidos forzosos y otras persecuciones a sus miembros.

Los derechos de los trabajadores son parte de los derechos humanos, y estos incluyen el derecho a condiciones de trabajo dignas, la libertad de asociación, la igualdad de derechos y la protección contra la discriminación. Lo que sucede actualmente en Bielorrusia es autoritario y la impunidad de los culpables socava la confianza en las instituciones gubernamentales.

La comunidad internacional está indignada con esta situación actual, y los responsables de todas las violaciones ya se enfrentan a sanciones, particularmente de la Unión Europea. Pero se debe hacer aún más y se debe ejercer una mayor presión sobre las autoridades bielorrusas para que restauren de inmediato un gobierno democrático y transparente.

Valter Sanches, secretario general de IndustriALL, declaró: 

“IndustriALL Global Union apoya plenamente al pueblo y los trabajadores bielorrusos en su lucha por la democracia, los derechos humanos fundamentales y las libertades. Nuestras acciones de solidaridad continuarán hasta que los derechos humanos y de los trabajadores se establezcan y respeten plenamente en el país”.

Crédito de la fotografía: gazetaby.com

Sindicato sudafricano hace campaña para poner fin a la violencia contra las mujeres

El afiliado de IndustriALL Global Union, el Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA), está haciendo campaña para poner fin al acoso sexual y la violencia en el lugar de trabajo. Como parte de esta campaña el sindicato está proporcionando apoyo a los miembros afectados por violencia basada en género.

Una de las miembros que recibe apoyo es Pontsho Serumula.
Serumula, que trabaja para una empresa que fabrica productos de aluminio, sufrió quemaduras de tercer grado por un ataque con ácido en su cara y su cuerpo por parte de su esposo, de quien se encontraba separada, en su casa en Thokoza, en las afueras de Johannesburgo, en 2014. Ella sospecha que él obtuvo el ácido en la fábrica donde ella y su esposo trabajan.

Serumula fue ingresada en el hospital y le llevó dos años recuperarse de las quemaduras. El caso se encuentra en juicio y el exesposo se enfrenta a cargos por intento de homicidio. Después de muchas postergaciones, se espera que se dicte la sentencia en 2021.

Recordando el trauma, Serumula expresa:

“Después de recuperarme de las quemaduras, el gerente de operaciones me dijo que no debería volver a trabajar dado que no podría sobrellevarlo. La razón que me dio es que no podría levantar objetos. Esto me sorprendió dado que mi trabajo no implica levantar objetos. Recién después de la intervención de mi doctor pude volver a trabajar. El empleador nunca se disculpó por la mala decisión de no permitirme trabajar. Siento dolor cuando veo a mi exesposo en el trabajo, y seguimos realizando nuestras tareas como si nada hubiera pasado. Aunque ya no vivimos juntos. Estoy esperando justicia.

“Mi sindicato me apoyó durante este calvario. El apoyo que me dio NUMSA demuestra que los sindicatos están luchando contra la violencia basada en género. Esto demuestra que somos más fuertes cuando estamos unidos. También debemos ganar visibilidad y luchar por otras mujeres que se enfrentan a la violencia basada en género.

“No debe haber lugar para la violencia basada en género y el sexismo en los hogares, en el trabajo o en el sindicato. Las mujeres deben gozar de la protección de la ley y nuestros dirigentes sindicales no deben tener miedo a apoyar a las mujeres que sufren abusos”.

Pontsho en camiseta amarilla afuera del Tribunal de Palm Ridge.

Ruth Ntlokotse, segunda presidenta interina de NUMSA, declaró:

“Además del extremo dolor físico evidente, la compañera Pontsho sufrió un intenso dolor emocional y psicológico debido al trauma causado por el ataque. Su sufrimiento ha empeorado por el hecho de que las ruedas de la justicia han sido terriblemente lentas en la resolución de su caso”.

Armelle Seby, coordinadora de género de IndustriALL, expresó:

“Queremos justicia para la compañera Pontsho y elogiamos a NUMSA por ser un agente de cambio generando conciencia, educando, y luchando contra la violencia basada en género. Como sindicalistas debemos desafiar las relaciones de poder desiguales y las normas sociales que promueven la violencia basada en género”.

Fotografía: Pontsho en camiseta amarilla afuera del Tribunal de Palm Ridge.

Sindicatos presentan propuestas para reindustrializar América Latina y El Caribe

Más de 150 dirigentes de los sindicatos del sector de metales básicos, energía y automotriz de América Latina y el Caribe culminaron el 8 de diciembre un ciclo de seminarios temáticos y grupos de trabajo virtuales que desarrollaron en 2020 como parte de un proyecto de IndustriALL y Union to Union.

Durante el transcurso de los meses trabajaron junto a expertos académicos en la elaboración de un documento orientado a reflejar las principales tendencias y escenarios posibles de la industria regional para los próximos años. La primer versión del documento la finalizaron este año, pero buscarán seguir actualizándolo en 2021 y a lo largo del tiempo.

El último seminario temático del año contó con la participación del ex director del Banco nacional de desarrollo de Brasil (BNDES), Maurício Borges Lemos, del embajador de Argentina en México, Carlos Alfonso Tomada y del secretario general de IndustriALL Global Unión, Valter Sanches, quienes expusieron sobre la reindustrialización de la región.

Por su parte, Borges Lemos disertó sobre “la cuestión de la industrialización en la periferia del sistema capitalista”. Principalmente explicó que, para tener un proyecto de industrialización de la periferia y una política de desarrollo integrada para América Latina, resulta fundamental la política de tipo de cambio.

La propuesta de Borges Lemos sería que, cada país o bloque de países, fije su mecanismo específico de política industrial (sectorial). A su vez, combinaría tipos de cambio flotantes con tasas diferenciadas por sectores, y mantendría siempre la misma tasa para el arancel de protección y de reintegro. En una situación de integración regional más desarrollada, esta tasa podría ser cero para los intercambios interregionales.  

En tanto, el embajador Tomada hizo una reflexión política sobre los desafíos de la triple crisis en América Latina: económica, social y sanitaria. Dijo que este contexto impulsa cambios, donde la digitalización y la sustentabilidad toman prioridad en las agendas de los gobiernos y las empresas. Este proceso de transformación impacta en el empleo y en los procesos de desarrollo. Dijo que en América Latina hay que pensar cómo construir poder popular en la región:

 “América Latina estará expuesta a permanentes cambios y retrocesos si no encontramos una forma de garantizar mayores niveles de participación, mecanismos para asegurar la transición justa, lo cual consiste básicamente en una mayor participación sindical. (…)

Tenemos que pensar en un fortalecimiento del diálogo social para alcanzar consensos productivos. No va a haber mejora de la pobreza o de la desigualdad sin un estado que promueva el desarrollo productivo con empleo y con aumento de la productividad de todos los sectores, con plena participación de los trabajadores.”  

Finalmente, el secretario general de IndustriALL, Valter Sanches, habló del problema de la desindustrialización de América Latina a partir de las políticas ultra liberales, de las transformaciones de la economía global por la pandemia y del rol de los sindicatos frente a esta realidad:

 “Existe una amenaza concreta de una mayor desindustrialización de América Latina, porque, debido a las políticas ultra liberales, dejó de ser un destino de inversiones extranjeras directas. Como sindicatos debemos proponer políticas y luchar por ellas en todos los espacios que sea posible. Tenemos que buscar espacios de diálogo con los gobiernos, con los parlamentos, organizaciones multilaterales e interceder en el proceso económico.

Necesitamos mucha unidad entre nosotros para formular y luchar por políticas industriales sostenibles y políticas de comercio exterior soberanas. Como IndustriALL demandamos en nuestro ‘Plan de acción de sobre comercio y política industrial’, la necesidad de revertir la tendencia de desindustrialización que estamos viviendo y volver a generar empleos de calidad en la región.”

Se establece un compromiso a continuar el diálogo en la reunión de la red global de Anglo American

La reunión, que tuvo lugar el 3 y 4 de diciembre, constituyó un seguimiento de los avances logrados hasta ahora hacia el diálogo propuesto entre Anglo American e IndustriALL, como se estableció en la última reunión de la red en Johannesburgo, Sudáfrica, en 2019. En la reunión se debatió sobre minería sostenible y se reconoció el potencial de la red global para desarrollar poder sindical en el sector minero.

La copresidenta del sector minero y DGOJP de IndustriALL, Lucineide Varjao Soares, indicó que en algunos casos las empresas mineras no estaban dispuestas a negociar y resolver los reclamos de los trabajadores. Citó el caso de la huelga en la mina Cerrejón en Colombia, propiedad de Anglo American, BHP y Glencore, como un ejemplo de la negativa a negociar con los sindicatos.

“La huelga de Sintracarbon, que terminó después de 91 días, es una victoria simbólica para los mineros no solo en Colombia, sino en el resto del mundo. Esto demuestra que la resistencia a los cambios de turno condujo a una victoria para los trabajadores ya que la dirección acordó negociar. Además, la huelga dejó en evidencia que las empresas mineras no ponen en práctica lo que predican sobre los derechos de los trabajadores”.

Se debatió acerca de las crisis en la economía mundial, la salud pública y el empleo a causa de la pandemia de COVID-19, ya que provocó la pérdida de millones de puestos de trabajo en el sector minero. Se hizo hincapié en la seguridad y salud ocupacional y los protocolos desarrollados como respuesta a la COVID-19, los derechos laborales y humanos, la igualdad de género, la diversidad y el derecho de las trabajadoras, así como a la transición justa hacia energías renovables y la Industria 4.0.
 
Los informes nacionales de Sudáfrica y Australia confirmaron que en cuanto a los protocolos de salud y seguridad en el contexto de la COVID-19, Anglo American trabajó de manera cordial con los sindicatos. El jefe de operaciones sanitarias de Anglo American, Charles Mbekeni, confirmó esta situación y describió cómo la empresa trabajó con el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros en Sudáfrica.
 
Glen Mpufane, director del sector de minería de IndustriALL, expresó que es importante adoptar un enfoque de salud y seguridad ocupacional para el trabajo sindical.

“Mientras hacemos campaña para el reconocimiento de la COVID-19 como una enfermedad ocupacional, debemos continuar dando prioridad a la salud y la seguridad a través de la capacitación y el desarrollo de capacidades de los delegados sindicales de salud y seguridad”.

En la reunión se dijo que, de acuerdo con la matriz de género del Índice de Minería Responsable, Anglo American está tomando las medidas necesarias para mejorar y mitigar el impacto de sus actividades en las mujeres. Sin embargo, afiliados en Botswana y Sudáfrica expresaron que ir a trabajar temprano en la mañana se está volviendo peligroso para las mujeres ya que las atacan en las paradas de autobús mientras esperan el transporte de la empresa que las lleva a su trabajo. Los sindicatos manifestaron que la seguridad de las mujeres mientras se trasladan hacia y desde el lugar de trabajo es un tema que debe ser abordado por Anglo American.

Los sindicatos también tienen mucho trabajo por delante con el fin de aumentar la participación de las mujeres en las actividades sindicales. Armelle Seby, coordinadora de género de IndustriALL indicó:

“Es importante desarrollar la capacidad de los sindicatos sobre la igualdad de género y cómo abordar las preocupaciones de las mujeres, incluida la salud y la seguridad operativas. Los sindicatos deben tomar medidas para denunciar y abordar la violencia de género y el acoso, y hacer campaña para la implementación del Convenio 190 de la OIT sobre la eliminación de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo”.

En el debate se mencionó que Anglo American no es coherente en su enfoque de las relaciones laborales. Por ejemplo, en África y Australia las relaciones laborales fueron cordiales, pero en América Latina fueron conflictivas.
 
Kemal Ozkan, secretario general adjunto de IndustriALL expresó:

“La Red Global de Anglo American sigue siendo una de las plataformas que utilizamos para lograr un compromiso significativo con la dirección de la empresa con el fin de mejorar las relaciones laborales. Además, queremos que la empresa respete los derechos humanos y laborales fundamentales”.

A la reunión virtual asistieron 45 participantes de diez países de Europa, América Latina, África y Australia. La foto es de la reunión del año pasado en Sudáfrica.

El árbitro dictamina que Shell debe aceptar la negociación colectiva en instalación australiana en alta mar

Según la legislación laboral australiana, si la mayoría de los empleados quieren estar representados por un sindicato en la negociación colectiva y el sindicato puede satisfacer las condiciones del tribunal laboral nacional en este sentido, la empresa debe negociar de buena fe con el sindicato. Shell se había resistido anteriormente a negociar con AWU, argumentando que no creía que la mayoría de los empleados estuvieran a favor de un proceso de negociación formal.

AWU se dirigió al árbitro industrial nacional australiano, la Comisión de Trabajo Justo, para solicitar la oportunidad de demostrar que los empleados querían estar representados. El sindicato recolectó peticiones firmadas de los empleados que declaraban su disposición a comenzar a negociar un convenio colectivo.

En respuesta a la reticencia de Shell a confiar en las peticiones recolectadas por AWU, la Comisión de Trabajo Justo autorizó a Shell para que condujera una votación formal y anónima de su fuerza laboral en Prelude, la mayor plataforma flotante de gas natural licuado (FLNG) del mundo, y la instalación en alta mar más grande que se ha construido. Más del 90 por ciento de los empleados participó en la votación y aproximadamente el 80 por ciento votó a favor de la negociación. Después de que se anunció el resultado, Shell aceptó iniciar la negociación antes del 16 de diciembre.

Una vez que comience la negociación, los sindicatos negociarán un acuerdo empresarial: un convenio colectivo que determinará las condiciones de empleo para 219 trabajadores, que cubre a la mayor parte de los empleados de Shell que trabajan en Prelude. Una vez completado el proceso de negociación, el proyecto del acuerdo se someterá a votación de los trabajadores y si obtiene los votos necesarios la Comisión de Trabajo Justo lo aprobará y se convertirá en un instrumento laboral legalmente vinculante.

Las negociaciones llegan después de meses de huelgas realizadas por trabajadores subcontratados a bordo de Prelude, incluidos trabajadores de catering y de mantenimiento preocupados por las condiciones de trabajo, tales como inquietudes en materia de seguridad laboral y arreglos de la lista de turnos que podrían implicar que los trabajadores pasaran más tiempo en el trabajo por el mismo salario.

Diana Junquera Curiel, directora del sector de energía de IndustriALL, expresó:

“Los trabajadores tienen el derecho de ser representados por un sindicato y es lamentable que AWU tuviera que recurrir al arbitraje para presionar a Shell. La votación demuestra que los trabajadores están en su gran mayoría a favor de la representación por parte del sindicato en las negociaciones colectivas”.

“Confiamos en que Shell negociará de buena fe y en que el acuerdo empresarial resultante marca el comienzo de mejores relaciones laborales en la empresa. Estaremos vigilando la situación de cerca”.

Entendiendo la violencia doméstica

La violencia doméstica incluye todos los actos de violencia física, sexual, psicológica o económica que ocurren dentro de la familia o unidad doméstica o entre cónyuges o parejas anteriores o actuales. La violencia doméstica es un patrón de comportamiento utilizado por una persona para controlar o dominar a otra con quien tiene o ha tenido una relación íntima o de tipo familiar.

1. ¿Qué es la violencia doméstica?

La violencia doméstica incluye todos los actos de violencia física, sexual, psicológica o económica que ocurren dentro de la familia o unidad doméstica o entre cónyuges o parejas anteriores o actuales. La violencia doméstica es un patrón de comportamiento utilizado por una persona para controlar o dominar a otra con quien tiene o ha tenido una relación íntima o de tipo familiar.

El abuso psicológico puede adoptar diferentes formas, tales como el acecho, el acoso o el control coercitivo. A través del control coercitivo, el comportamiento de los autores pretende subordinar a las víctimas/sobrevivientes y/o volverlas dependientes mediante amenazas, humillaciones, intimidación u otros abusos que se utilizan para dañar, castigar, asustar y aislar a la persona de cualquier apoyo posible.

Por medio de la violencia económica, el abusador pretende evitar que la persona acceda a oportunidades laborales y recursos económicos.
La experiencia de violencia doméstica puede conducir a problemas de salud física, mental y emocional a largo plazo. En los casos más extremos, la violencia contra la mujer puede ser fatal. Se trata una de las formas más extremas de opresión que puede experimentar una mujer.

Fuentes: Convenio de Estambul; Violencia y abuso doméstico: una guía para negociadores, de Unite the Union; Informe de la OIT, ,2018.

2. ¿Cuál es la diferencia entre la violencia doméstica, la violencia familiar y la violencia infligida por la pareja?

La violencia infligida por la pareja hace referencia al “daño físico, sexual o psicológico causado por una pareja o cónyuge actual o anterior”. La violencia doméstica hace referencia a “la violencia en la pareja, pero puede abarcar también el maltrato infligido a niños y ancianos o el maltrato infligido por cualquier integrante de la familia”. La violencia familiar hace referencia al “maltrato infantil, la violencia entre hermanos, la violencia infligida por la pareja y el abuso de ancianos”.

Fuente: Informe de la OIT sobre la violencia doméstica y su impacto en el mundo del trabajo, 2020.

3. ¿Víctima o sobreviviente de violencia doméstica?

¿Cómo describimos a las personas que buscan ayuda durante una relación violenta o después de haber salido de ella?

Según el contexto, se emplean los términos “víctima” y “sobreviviente”. La palabra “víctima” es utilizada por miembros de las fuerzas del orden y en el contexto de procedimientos judiciales. Sin embargo, las personas pueden preferir el término “sobreviviente”, que hace énfasis en una respuesta activa, ingeniosa y creativa al abuso, a diferencia de “víctima”, que puede implicar una aceptación pasiva.

Al final, es fundamental seguirle la corriente a la persona que busca apoyo, ya que el proceso de víctima a sobreviviente es único para cada individuo. Por este motivo, muchos han comenzado a usar el término víctima/sobreviviente.

Fuente: Manual para sobrevivientes, Women’s Aid; El lenguaje que usamos, Women against abuse.

4. ¿Quiénes son las principales víctimas/sobrevivientes de violencia doméstica?

Cualquiera puede ser víctima/sobreviviente o autor de violencia doméstica. Las personas sufren este tipo de abuso independientemente de su género, etnia, clase social, edad, raza, religión, discapacidad, orientación sexual o identidad de género.

Sin embargo, existen pruebas claras de que la mayoría de quienes sufren violencia doméstica, entendida como la violencia infligida por la pareja, son mujeres, así como de que la mayoría de sus autores son hombres.

A nivel mundial, el 35 por ciento de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual en la pareja o violencia sexual por parte de una persona que no es su pareja. La violencia infligida por la pareja representa la mayoría de las experiencias de violencia de las mujeres. Cada día, 137 mujeres son asesinadas por un miembro de su familia.

La violencia doméstica es una manifestación de la violencia de género.

La violencia de género y la violencia contra la mujer son dos términos que a menudo se usan indistintamente, ya que la mayor parte de la violencia contra la mujer es infligida (por hombres) por razones de género, y la violencia de género afecta a las mujeres de manera desproporcionada. La violencia contra la mujer por motivos de género es la violencia dirigida contra la mujer por su condición de tal o que afecta a las mujeres de forma desproporcionada.

Fuentes: Hechos y cifras: poner fin a la violencia contra la mujer, ONU Mujeres; Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, ONU, 1993.

5. ¿Por qué las mujeres representan la mayoría de las víctimas/sobrevivientes de violencia doméstica?

La violencia doméstica es un abuso de poder. La violencia contra la mujer tiene sus raíces en las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres. Esto ha llevado a la dominación y discriminación de las mujeres por parte de los hombres. También ha impedido que las mujeres avancen plenamente. La violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que las mujeres se ven obligadas a ocupar una posición subordinada en comparación con los hombres.

Ya sea en espacios públicos o privados, la violencia contra la mujer está profundamente arraigada en las estructuras, normas y valores sociales y culturales que rigen la sociedad, incluidas las sociedades patriarcales, y a menudo se perpetúa mediante una cultura de negación y silencio.

Fuente: Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, ONU, 1993.

 

6. ¿Algunas mujeres corren más riesgo que otras?

Todas las mujeres pueden experimentar violencia doméstica, independientemente del género, la edad, la etnia, la condición socioeconómica, la religión, la orientación sexual y la identidad de género. Sin embargo, algunos grupos de mujeres corren un mayor riesgo, entre ellas las mujeres jóvenes, en situación de discapacidad, bisexuales y migrantes.

La vergüenza y la deshonra son nociones culturales poderosas, y algunas mujeres que pertenecen a minorías pueden enfrentarse al ostracismo social y al rechazo si buscan ayuda. Las lesbianas y los hombres homosexuales también pueden sufrir violencia doméstica, así como experimentar prejuicios por parte de la policía y dentro de los servicios de asistencia. A su vez, se debe reconocer en particular la situación de los hombres y mujeres trans. Las personas mayores, en situación de discapacidad y quienes viven en áreas rurales también se enfrentan a obstáculos adicionales.

Fuente: Apoyo en el lugar de trabajo para víctimas de abuso doméstico, TUC; Violencia y abuso doméstico: una guía para negociadores, de Unite the Union.

7. ¿La violencia doméstica es una violación de los derechos humanos?

La violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las mujeres.

Las mujeres tienen derecho al goce y la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, en condiciones de igualdad, en las esferas política, económica, social, cultural, civil y de cualquier otra índole.

Estos derechos incluyen:

No existe justificación, ya sea social, cultural o religiosa, para la violencia contra la mujer.

Fuente: Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, ONU, 1993.

Electrolux debe compensar a los trabajadores despedidos por las protestas relacionadas con la COVID

Cuando la pandemia de COVID-19 llegó a México a finales de marzo, los trabajadores de la fábrica de Electrolux en Ciudad Juárez pidieron a la administración que cerrara la fábrica después de que miembros del personal contrajeran el virus. Por el contrario, la producción continuó hasta el 20 de abril, y para entonces 16 trabajadores se habían enfermado y dos habían muerto a causa de COVID.

Los trabajadores que protestaron contra la negativa de la administración a cerrar la fábrica fueron obligados a firmar despidos voluntarios. En total 99 personas fueron despedidas. Un grupo de trabajadores firmó el despido voluntario porque necesitaban el dinero y saben que en México un juicio contra la multinacional sueca puede llevar hasta cuatro años.

Electrolux realizó una investigación externa sobre los eventos que revela que Electrolux no siguió los procesos internos:

“La empresa reconoce que los eventos escalaron de manera desafortunada. Por lo tanto, la empresa buscará abrir el diálogo con los exempleados de forma individual para resolver total y definitivamente cualquier disputa relacionada con los despidos. Además, Electrolux revisará políticas, rutinas y programas de formación existentes para asegurar que la Directiva del Lugar de Trabajo pueda seguirse incluso en situaciones muy desafiantes”.

El afiliado sueco de IndustriALL, Unionen, que representa a los trabajadores en las operaciones de Electrolux en Suecia, recibe de buena manera la investigación y su conclusión, y espera continuar un diálogo genuino con la empresa.

“Los trabajadores despedidos deben ser debidamente indemnizados y deben tener el derecho a ser representados si así lo eligen. Electrolux ha anunciado que revisará las políticas y las rutinas existentes, lo cual es alentador y un paso en la dirección correcta. Un diálogo directo y dar voz a los trabajadores es crucial”.

Kan Matsuzaki, director del sector electrónico de IndustriALL, declaró:

“El acuerdo marco global que Electrolux firmó con los sindicatos suecos e IndustriALL proporciona un marco para respetar los derechos de los trabajadores en todo el mundo. La empresa debe respetar a los trabajadores que ejercieron pacíficamente su derecho a pedir a la administración que tome las acciones apropiadas para evitar el lugar de trabajo tal como se es establece en el acuerdo”.

“La situación en Ciudad Juárez todavía es crítica y Electrolux no puede ignorar el derecho de los trabajadores a una protección adecuada y a una compensación”.

Unionen e IndustriALL continuarán controlando de cerca la situación.

INFORME ESPECIAL : Cómo transformar las relaciones de poder en la industria textil y de la confección

INFORME ESPECIAL

Global Worker No. 2 noviembre 2020

Texto: Walton Pantland

Transformar las relaciones de poder en la industria textil y de la confección.

Las campañas sindicales se han centrado en hacer que las marcas mundiales rindan cuentas por lo que sucede en sus cadenas de suministro, pero esto no ha sido suficiente. Hace falta un cambio sistémico.

Este sector ha llegado a ser tan enorme y complejo que ninguna de las partes interesadas (marca, gobierno, fábrica o sindicato) ha sido capaz de cambiarlo en forma definitiva. Los consumidores y activistas culpan a las marcas, las marcas culpan a las fábricas proveedoras y los propietarios de las fábricas acusan a los sindicatos de sabotaje. Hay intereses contrapuestos y no se puede transformar el sector si no se entienden estos intereses y las relaciones de poder entre ellos.

Los sindicatos mundiales pueden influir en las relaciones de poder y, al hacerlo, llevar a la industria por un camino mejor. 

La moda de hoy

La industria de la moda es un complejo gigante mundial con un valor de unos 1,5 trillones de dólares al año que, a nivel global, contribuye aproximadamente un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Su gran tamaño le brinda estabilidad, y es tan compleja que es difícil de influir. La producción globalizada alimenta unas fauces insaciables de consumo, creadas por una sofisticada maquinaria de marketing que utiliza personas influyentes en las redes sociales para fabricar las necesidades y deseos que hacen que la gente siga comprando, y luego descartando, enormes cantidades de ropa.

Resultado de esto son almacenes repletos de artículos excedentes que no se pueden vender y marcas de primera que queman ropa que vale millones de dólares. Esta industria ha crecido de una manera descontrolada, e incluso aquellas marcas que quieren hacer las cosas de manera diferente no pueden cambiar sin bajar de categoría.

La moda rápida, donde las marcas producen velozmente, a gran escala y bajo costo, las últimas tendencias para los consumidores, depende de mantener bajos costos laborales en los países donde se producen las prendas de vestir.

Estos fueron problemas graves antes de los trastornos de la crisis del Covid, con pedidos cancelados y pérdida de producción. 

Los sindicatos mundiales no pueden abordar la sobreproducción: éste es un problema que a la industria le corresponde resolver. Nuestros miembros no tienen suficiente control sobre el proceso de producción como para poder acabar con la contaminación o reducir las emisiones. Pero sí podemos influir en las relaciones de poder.

Una visión positiva para el sector

Son muchos los aspectos positivos del sector. Si abordamos lo que no funciona bien, podemos ayudar a crear un sector que proporcione puestos de trabajo de buena calidad y contribuya al desarrollo económico sostenible.

En lo que se refiere al suministro de productos, la industria de la moda y confección proporciona empleo a millones de trabajadores y trabajadoras en países como Bangladesh, India, Pakistán y Turquía, pero también en Portugal, Etiopía, Jordania, Lesoto y Sudáfrica, y muchos otros.

La mayor parte de la fuerza de trabajo de este sector son mujeres, lo que les da a las trabajadoras de sociedades tradicionales una autonomía e independencia que no tenían anteriormente. Pueden ganar su propio sueldo, mantener a sus familias y desarrollar una carrera profesional.

Este sector puede crecer fácilmente, lo que significa que un país, Etiopía por ejemplo, puede ingresar a este sector industrial con producción elemental y de un valor relativamente bajo. A medida de que el sector se desarrolla, puede adquirir maquinaria más sofisticada, el personal adquiere nuevas habilidades y el país comenzará a formar a sus propios diseñadores y conformar una industria de la moda y confección nacional, como ha sido el caso de Turquía. Esto produce crecimiento económico y desarrollo de las habilidades de la fuerza laboral local en todos los niveles, desde la fabricación hasta el diseño y la comercialización. Otros países, incluyendo Bangladesh, se encuentran justamente en esta trayectoria.

En cuanto a la demanda, la industria de la moda ofrece a personas de la clase trabajadora la oportunidad de verse y sentirse a gusto, adquiriendo ropa nueva y expresándose de manera creativa, además de tener oportunidades de hallar puestos de trabajo en el comercio minorista, en el área del diseño de productos de moda y en el marketing. Hace una o dos generaciones, solamente los ricos tenían la posibilidad de lucir bien, porque las prendas de vestir costaban mucho dinero. Por otro lado, la posibilidad de llevar prendas de vestir a la moda y más baratas contribuye a la cultura y a la dignidad humana.

Fábrica de ropa en Bangladesh

La parte del suministro

La parte del suministro incluye a los productores de los países que fabrican textiles y prendas de vestir, así como a los trabajadores/as de la producción y sus sindicatos, empleadores y asociaciones de empleadores y gobiernos nacionales.

Trabajadores/as y sus sindicatos

Los trabajadores/as que producen las telas, las cortan, y cosen la ropa, quieren trabajos sostenibles a largo plazo que proporcionen un salario digno confiable en condiciones seguras. Los trabajadores/as necesitan seguridad laboral e ingresos previsibles. También aspiran a aprender nuevas habilidades y tener la oportunidad de avanzar en sus carreras.

En algunos países, los sindicatos han podido unirse para negociar normas que se aplicaran a todo el sector: negociación colectiva sectorial. Sin embargo, en otros países los sindicatos son débiles y fragmentados, y, debido a la imposición de políticas antisindicales, los trabajadores/as frecuentemente no obtienen la representación que desean.

Empresarios y sus asociaciones

También son parte del suministro los empleadores, los propietarios de fábricas y las asociaciones de empleadores. Los empleadores compiten entre sí, pero también luchan a través de sus asociaciones por los intereses que tienen en común. Su motivo es obtener el mayor beneficio posible sin dejar de ser competitivos. Se presentan a concursos con el fin de obtener contratos para producir prendas de vestir para las principales marcas y tienen que competir en cuanto a costos, calidad de producción, plazos de entrega, proximidad a los mercados y muchos otros factores. Cuando, con fines de lucro, se centran en reducir los costos, los salarios de los trabajadores/as tienden a reducirse. 

Las asociaciones de empleadores representan a la industria a nivel nacional. Intentan emparejar las condiciones para que los empleadores puedan hacer que la industria nacional sea competitiva con relación a otros países.

Gobiernos nacionales en países productores

Los gobiernos nacionales quieren mantener y desarrollar una industria centrada en la exportación que genere una cantidad confiable de divisas y mantenga un saldo comercial beneficioso. Esta política proporciona el capital necesario para una mayor industrialización, lo que conduce a un aumento de las exportaciones y del desarrollo económico. Otro motivo secundario es el de proporcionar empleo a los ciudadanos a la vez que aumenta la base impositiva. Los gobiernos nacionales compiten entre sí para atraer inversiones. Lo hacen ofreciendo un producto confiable en un entorno empresarial estable con la infraestructura necesaria. Sin embargo, se da con mucha frecuencia que obtengan su ventaja competitiva por poder recurrir a mano de obra barata, lo que puede resultar en un espiral descendente de competición a la baja.

Se debe respetar la libertad de asociación: IndustriALL está luchando para poner fin a la represión antisindical en este sector. A veces los gobiernos hacen la vista gorda cuando los empleadores se niegan a permitir que los trabajadores/as formen sindicatos, o bien tratan de disolver las organizaciones laborales y, en algunos casos, los gobiernos participan en esas acciones. 

 

Shutterstock

La demanda

En cuanto a la demanda, impulsada por el consumo, figuran como importantes factores las marcas multinacionales, consumidores, gobiernos nacionales, trabajadores/as minoristas y sus sindicatos, y activistas políticos.

Marcas mundiales

El plazo de ejecución es muy corto: para mantener su nivel competitivo, las marcas deben vender un gran volumen de productos lo más rápido posible. Tienen que diseñar, hacer pedidos, comprar, comercializar y vender grandes cantidades de ropa, y tienen que hacerlo mejor que sus competidores si quieren sobrevivir. Es más barato pedir demasiado y destruir el excedente que encontrar que se le ha acabado una prenda muy solicitada.

El ciclo de la moda rápida se ha convertido en una trampa para el sector. El exceso de existencias devalúa la marca y el desperdicio no beneficia a nadie. A muchas marcas mundiales les gustaría cambiar el sistema actual, pero no pueden, porque sus competidores no lo hacen.

La mayor parte del valor agregado de las prendas de vestir proviene de ideas culturales abstractas, creadas a corto plazo a través del marketing y por vía del patrimonio a lo largo del tiempo. El valor tiene poco que ver con la calidad real de la ropa o el costo de producción. Las marcas tienen que conservar su identidad, imagen y reputación. Para algunas marcas, parte importante de esta identidad es tener fama de ser empresas "buenas".

Los consumidores

Los consumidores de los países occidentales, y la clase media occidentalizada de los países en vías de desarrollo, quisieran tener ropa de la mejor calidad al precio más bajo posible. También aspiran a contar con una entrega constante de ropa nueva, interesante y bien diseñada, como parte de un ciclo continuo de reinvención y renovación de la moda. En lo ideal, quisieran tener todo esto con la conciencia tranquila, sabiendo que no se ha lesionado nadie en el proceso de producción de su ropa. Sin embargo, son pocos los consumidores que están dispuestos a pagar mucho más, y la ropa que se ha producido de manera ética sigue siendo un segmento exclusivo del mercado. 

Trabajadores/as minoristas y sus sindicatos

Los trabajadores/as del comercio minorista de la moda perciben salarios muy bajos. En muchos países, los sindicatos tienen que luchar para organizar y representar a los trabajadores/as. Sus sindicatos luchan contra los salarios bajos, la precariedad y la falta de seguridad laboral causada por la inestabilidad del ciclo comercial. La industria minorista de la moda experimenta consolidaciones, expansiones y contracciones rápidas y cambios de propiedad. Los trabajadores/as minoristas y sus sindicatos son un aliado importante para la fuerza de trabajo que labora en el área de producción, pero a diferencia de sectores como la automoción y la energía, carecen del poder social que se necesita para influir en la conducta de las marcas. Hay muy pocos comités de empresa en el sector. El consejo sindical global de Inditex es una excepción importante y juega un papel crucial en la regulación de las condiciones de trabajo en toda la cadena de suministro.

Activistas políticos

En los países occidentales, los activistas políticos han dedicado décadas de trabajo para poner en primer plano ante los consumidores el impacto ético y medioambiental de la industria de la moda. Esta campaña ha influido profundamente en los hábitos de los consumidores (la mayoría de la gente prefiere ropa que se haya producido de manera ética), pero ha impactado solamente de manera superficial en la producción, ya que a las marcas les resulta más fácil establecer su imagen a través de la publicidad que por vía de cambios en la industria.

Gobiernos nacionales y derecho internacional

Los gobiernos nacionales en los países donde hay demanda están respondiendo a la presión, cada vez mayor, de los consumidores que exigen mejor gobernanza de las cadenas de suministro mediante la aprobación de legislación nacional sobre la esclavitud y la responsabilidad por las cadenas de suministro. La legislación sobre la responsabilidad por la cadena de suministro se ha establecido recientemente, y han habido pocos casos para probar y crear nuevos precedentes, sin embargo los activistas creen que estas leyes van a constituir una herramienta importante.

No existe ningún sistema legal mundial que rija las cadenas de suministro, pero en algunos casos, acuerdos globales vinculantes – en particular el Acuerdo de Bangladesh – han logrado importantes cambios. Otro paso más en este sentido han sido las negociaciones para establecer un tratado vinculante de la ONU sobre empresas y derechos humanos.

Sindicatos mundiales

El trabajo de los sindicatos mundiales abarca tanto el segmento del suministro como el de la demanda y pueden unir a los participantes para mejorar la situación. Las campañas de solidaridad internacional organizadas por sindicatos mundiales han sido fundamentales para liberar a sindicalistas encarcelados, reintegrar a otros, etc.

 

Las relaciones de poder

Los trabajadores/as que laboran en el área de la producción son probablemente los que tienen menos poder que ninguno. Sin embargo, su poder aumenta drásticamente a medida que se sindicalizan, y especialmente cuando trabajan a nivel internacional a través de sindicatos mundiales como IndustriALL.

Además de las marcas internacionales, los actores más poderosos son los gobiernos nacionales en los países donde predomina la demanda. Pero no son todopoderosos, y, debido a los intereses competitivos de las marcas, ningún actor tiene el poder de cambiar la industria por sí solo.

Más allá de las campañas anteriores

No cabe duda que hay que arreglar el sistema. Para muchos activistas, la solución es hacer que las marcas asuman su responsabilidad, exigiendo cambios en sus políticas. Tomando en cuenta que las marcas son las que hacen los pedidos y fijan los precios, ¿no se podría obligarlas a hacer las cosas de otra manera?

Campañas de esta naturaleza han predominado desde los primeros días de la globalización de la moda, comenzando en los Estados Unidos en la década de 1980 con campañas de los consumidores, como No Sweat, contra las fábricas donde se explota la mano de obra. Si bien estas campañas han ayudado mucho a concientizar a los consumidores, no han logrado cambios significativos en este sector.

Estas campañas nos han llevado lejos, pero ahora tenemos que avanzar mucho más.

Al centrar nuestra atención en las marcas nos podemos distraer de la necesidad de lograr cambios más amplios. Además de la forma como actualmente se hacen las campañas, necesitamos contar con una visión a largo plazo y centrarnos en alcanzar un cambio sistémico.

Algunas marcas, como H&M de Suecia e Inditex de España, reconocen que es necesario cambiar las cosas, y están dispuestas a trabajar con los sindicatos para lograrlo. No hacen lo suficiente, pero hacen más que sus competidores. Pero cuanto más explícito sea su compromiso, más se convierten en blanco de las críticas. 

Un ejemplo reciente es la protesta de una campaña de solidaridad con el pueblo uigur, que se llevó a cabo frente a ZARA en Oxford Street, Londres, por acusaciones de trabajo en condiciones de esclavitud en su cadena de suministro de algodón. Debido a que el problema es sistémico y ZARA no tiene posibilidades de resolverlo en la práctica, protestas como ésta desvían la indignación sin abordar los problemas de fondo.

No se debe suponer que las marcas puedan solucionar todo

Vamos a reflexionar sobre las razones por las cuales no conviene suponer que corresponde a las marcas resolver ellas mismas todos los problemas de la cadena de suministro.

Las marcas encargan a productores en países en vías de desarrollo prendas confeccionadas ya terminadas, a menudo empaquetadas y etiquetadas cuando salen de fábrica. Estas fábricas a su vez cuentan con proveedores, como plantas textiles que convierten el algodón en telas de diferente calidad y diseño. Las plantas textiles adquieren el algodón de intermediarios, quienes lo compran a los agricultores para luego almacenar el producto proveniente de diferentes fuentes. 

Imagínese una marca que se compromete a garantizar que no haya mano de obra esclava en el suministro de algodón, que no se apliquen políticas antisindicales en las fábricas proveedoras, que los trabajadores/as reciban un salario digno y que la fábrica sea segura. Además del hecho de que estos compromisos son costosos y pueden hacer que la marca no sea competitiva, la marca tendría que contratar todo un ejército de vigilantes del cumplimiento de las normas, un cuerpo policial de la marca, que tendría que viajar a los países productores para inspeccionar las fábricas y garantizar cumplimiento. Treinta años de auditoría han demostrado que no es factible un sistema de esta naturaleza.

Además, el asignar a las marcas la tarea de supervisión es políticamente problemático, porque resta autonomía a los sindicatos y activistas en cuanto a vigilar por el cumplimiento en los países proveedores. El objetivo de los sindicatos mundiales es empoderar a los sindicatos en el lugar de los hechos. Se debe respetar los derechos de los trabajadores/as en la parte inferior de la cadena de suministro. La tarea de las inspecciones de fábrica no debe depender de una marca occidental que visite Bangladesh: la inspección debería ser realizada por el gobierno de Bangladesh. Agentes policiales contratados por la marca no deberían ser quienes determinan las condiciones de trabajo, ya que corresponde a los sindicatos exigir esas condiciones en las negociaciones colectivas.

Una marca puede comprometerse a pagar un salario digno. Pero las marcas no tienen la responsabilidad de pagar a los trabajadores/as: corresponde a los propietarios de las fábricas. Si una marca tuviera en cuenta el pago de un salario digno, pero el propietario de la fábrica no lo cumple, se suele acusar a la marca de hipocresía.

¿Cuál es el mejor modelo?

En cualquier sector, la mejor manera de lograr un equilibrio entre los distintos intereses en juego a nivel nacional es la negociación colectiva tripartita sectorial; que la asociación de empleadores, los sindicatos y el gobierno realicen negociaciones colectivas para establecer acuerdos jurídicamente vinculantes que abarquen todo el sector. Que en lugar de negociar fábrica por fábrica, todos los sindicatos negocien con los representantes de todas las fábricas, como se ha hecho en Sudáfrica, por ejemplo. 

Es evidente que esta posibilidad beneficiaría a los trabajadores/as porque podría mejorar las condiciones de trabajo, ofreciendo también beneficios para el sector: al eliminar la competencia sobre salarios y condiciones de trabajo, mejoraría la calidad de la industria porque de esa manera los productores marginales se verían obligados a desaparecer. Recompensa a quienes invierten más en productividad, en maquinaria y en formación, y que asumen compromisos a largo plazo.

Este modelo debe extenderse a todos los países productores y se debe abordar la cuestión de competencia salarial entre países.

Las marcas globales deben comprometerse a que, si un país introdujera negociación colectiva, dando por resultado un aumento salarial, la marca no trasladará la producción a otro país para ahorrar dinero. Si un número importante de marcas aceptara hacer que los salarios sean un costo fijo, eliminando los salarios como un factor en juego, entonces la licitación competitiva se basaría en la calidad, la velocidad de producción, el plazo de ejecución, y la proximidad a los mercados.

IndustriALL ha firmado declaraciones conjuntas con Inditex y la marca alemana Tchibo para apoyar la recuperación económica y social del sector mundial de la confección durante y después de la crisis de Covid-19.

Este es el modelo que IndustriALL promueve a través de la iniciativa ACT. Para que el modelo funcione, es necesario contar con gran apoyo. Si la mitad de las marcas apoya la negociación colectiva sectorial, pero la otra mitad no lo hace, resulta difícil avanzar. En Camboya, por ejemplo, Adidas compra gran parte de su ropa y no le importa cómo se produce. 

Las fábricas que producen para las marcas ACT en Myanmar han acordado Directrices sobre la Libertad de Asociación de Myanmar, con el objetivo de procurar relaciones constructivas entre los empleadores y la fuerza de trabajo. Hay negociaciones en curso sobre directrices en Camboya y Turquía.

H&M también se abastece de productos de Camboya, y ha acogido con agrado las negociaciones colectivas, trabajando activamente para que así se establezcan reglas de juego equitativas. El poder relativo de las empresas se debilita cuando sus planteamientos se oponen uno al otro, situación que inhibe la posibilidad de conseguir negociación colectiva nacional. En este contexto, protestar contra H&M no hace avanzar la situación. Simplemente desvía la atención de Adidas. En lugar de protestar frente a una tienda insignia de H&M o ZARA, se debe centrar la atención de manera más sofisticada y selectiva. Necesitamos identificar las marcas que están socavando el proceso, aprovechando la situación para obtener beneficios propios: una vez identificadas, debemos dirigir las campañas contra esas empresas.

Habría que apuntar que esta lista incluye marcas mundiales como Adidas, Nike, Amazon, Levi's y Uniqlo.

Una nueva forma de hacer campañas

IndustriALL tiene una estrategia multifacética para cambiar el sector, basada en nuestros objetivos estratégicos. Defendemos los derechos de los trabajadores/as, haciendo campaña contra las violaciones de los derechos cuando ocurren. 

Desarrollamos sindicatos fuertes, promoviendo la cooperación, creando redes a nivel de las empresas y formando comités nacionales para unificar los sindicatos cuando se enfrentan a los empleadores. El ejemplo más avanzado de esta práctica se puede ver en H&M e Inditex, con los Comités Nacionales de Seguimiento, y el consejo sindical mundial de Inditex.

Luchamos contra el trabajo precario, realizando campañas por la seguridad laboral y salarial en el sector. Como queremos que se desarrollen políticas industriales sostenibles en los países productores, defendemos enérgicamente este sector y queremos que tenga éxito y que continúe ofreciendo puestos de trabajo de buena calidad.

Nos enfrentamos al capital global, haciendo campaña contra las marcas que violan los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Pero nuestro objetivo es también lograr un cambio sistémico: en primer lugar, firmamos acuerdos marco globales(AMG), garantizando normas en las cadenas de suministro y estableciendo mecanismos para la resolución de conflictos. Pero también, más allá de los AMG con empresas individuales, apoyamos acuerdos globales vinculantes para regular el sector. Promovemos políticas industriales sostenibles como el Llamado a la acción de la OIT, exigiendo sistemas sostenibles de protección social para que la industria de la confección sea más justa y resistente.

Se está desarrollando la legislación sobre las cadenas de suministro, comenzando a cambiar la situación. A medida que estas leyes predominen y comiencen a sentar precedentes, exigirán cada vez más a las empresas asumir la responsabilidad por sus cadenas de suministro. Una forma de lograrlo es apoyar la negociación colectiva y la sindicalización a nivel sectorial. De esta manera se quita la responsabilidad de los vigilantes de cumplimiento, devolviéndola a procesos sólidos y comités de vigilancia a nivel nacional.

La forma más eficaz de abordar los problemas de este sector es cambiar las relaciones de poder entre los actores. Como nadie renuncia al poder voluntariamente, la mejor manera de hacerlo es creando estructuras que equilibren tanto el beneficio mutuo como las obligaciones.

Debido a su complejidad, ningún actor individual puede cambiar el sistema. El cambio sistémico necesita una amplia coalición: una masa crítica de actores que apoyen el objetivo de lograr un sector sostenible. Cuando los intereses coincidan, podremos cambiar las cosas en un sentido determinado. Este equilibrio es precario; se necesita realizar campañas bien enfocadas para hacer que las cosas avancen en el sentido correcto. 

Debemos dirigir nuestras campañas a aquellas marcas que socavan este proceso.

Si conseguimos que los actores correspondientes trabajen en conjunto, podemos actuar para lograr un sector textil y de la confección que sea vigoroso y saludable, que emplee a miles de trabajadores y trabajadoras en buenos puestos de trabajo, produciendo ropa de alta calidad que a la gente le guste comprar y usar.