Principios y directrices de IndustriALL sobre teletrabajo

Directrices
ENGESPFRA
Recomendaciones
ENGESPFRA

“Nuestras directrices sobre el teletrabajo son un reflejo de lo que vemos como los principales desafíos que conlleva y de lo que se necesita para negociar una buena protección de los trabajadores. Somos conscientes de que el teletrabajo es una forma de organización del trabajo que está en desarrollo. Los sindicatos, trabajadores y empleadores deben continuar con la reflexión y el debate exhaustivos, basados en las buenas prácticas y en la evaluación de la experiencia, para superar los desafíos y garantizar la protección óptima de los trabajadores. Nuestra intención es desarrollar este material de acuerdo con la evolución observada”,

señaló Atle Høie, secretario general adjunto de IndustriALL.

El teletrabajo no es nada nuevo y ha crecido gradualmente a lo largo de los años junto con el desarrollo de nuevas tecnologías y herramientas digitales. Según la OCDE, en 2015 el 25 por ciento de los trabajadores de la industria manufacturera ya trabajaba de forma remota al menos parte del tiempo, pero estas cifras aumentaron drásticamente durante la pandemia. Según cifras de la Unión Europea, mientras que al 2019 solo el 5,4 por ciento de los trabajadores de la UE trabajaban habitualmente desde casa, cerca del 40 por ciento de los trabajadores de la UE empezaron a teletrabajar a tiempo completo como consecuencia de la pandemia. 

Con el salto tecnológico debido a la digitalización de los procesos de producción, hay una proporción creciente de trabajadores no manuales en la industria y por ende más trabajadores que pueden realizar su trabajo de forma remota. 

“Esta es una muy buena iniciativa y nos complace presentársela a los afiliados de IndustriALL. Se convertirá en un instrumento importante en nuestra lucha sindical por los derechos de los trabajadores en el teletrabajo y por la mejora del equilibrio entre el trabajo y la vida”,

señaló Anne-Catherine Cudennec, CFE-CGC, copresidenta del sector de trabajo no manual de IndustriALL. 

El trabajo remoto seguirá siendo una característica permanente del mundo del trabajo incluso después de que pase la crisis de la COVID-19. El teletrabajo puede tener muchas ventajas para los trabajadores, incluida una mayor autonomía y flexibilidad, pero también presenta determinado nivel de riesgos para los trabajadores y los sindicatos.

Para prevenir tales riesgos, se debe negociar el teletrabajo y los empleadores y los gobiernos deben garantizar este derecho. Esta modalidad desempeñará un papel importante en la definición del futuro del trabajo y contribuirá a remodelar nuestras sociedades. Los sindicatos deben participar activamente en el desarrollo de nueva legislación en este ámbito. La negociación colectiva a nivel de sector, empresa y lugar de trabajo debe desempeñar un papel clave en la regulación del teletrabajo, especialmente cuando la legislación es débil.

A nivel empresarial, la crisis sanitaria ha acelerado la negociación de acuerdos y políticas en torno al teletrabajo. IndustriALL ha reunido algunas cláusulas existentes en convenios colectivos sobre teletrabajo, así como disposiciones legales como complemento a las directrices.

“Se pretende que estas directrices y principios brinden apoyo a los sindicatos en sus procesos de negociación para asegurar que el teletrabajo sea una oportunidad de mejora de la calidad de trabajo y de vida de los trabajadores, y que la flexibilidad no conlleve una falta de protección y seguridad. Espero que se utilicen ampliamente y que sean beneficiosos para nuestros afiliados y sus miembros”.

manifestó Valter Sanches, secretario general de IndustriALL.

Huelga en Lesoto para reclamar al gobierno que anuncie aumentos salariales

La huelga se debe a un conflicto salarial surgido luego de que el gobierno no anunciara aumentos salariales para los trabajadores del sector textil, de la confección, el calzado y el cuero durante los últimos dos años. La última publicación oficial vinculada a los salarios se emitió en 2019, y los trabajadores no han recibido aumento alguno desde entonces. Según la legislación laboral, esta publicación debe llevarse a cabo anualmente, pero el gobierno está utilizando la pandemia de COVID-19 como excusa para no aumentar los salarios mínimos.

Esto provocó una huelga nacional indefinida en la que más de 40.000 trabajadores tomaron las calles para protestar. El gobierno respondió por la fuerza: la policía atacó e hirió a varios de los manifestantes.

Mamakalo Mohapi, presidenta del IDUL y trabajadora de la confección de Precious Garments, en Maseru, expresó:

“En lugar de resolver el conflicto mediante el anuncio de nuevos salarios, el gobierno está recurriendo al uso excesivo de la fuerza. Dos trabajadores han muerto: uno atropellado por un camión y el otro baleado por el ejército. Varios trabajadores también han resultado heridos y hospitalizados”.

Según Mohapi, los empleadores también están utilizando la táctica de "divide y vencerás".

“Al pedir a los trabajadores que no están afiliados al sindicato que se presenten a trabajar mientras los sindicalizados están en huelga, los empleadores también los están enfrentando entre sí. También están sobornando a los trabajadores para no respetar la huelga”.

En el sector textil, los salarios mínimos para las personas con menos de un año de experiencia son de 1900 LSL (US$ 138) mensuales para un puesto general o de aprendiz de máquinas y de 2042 LSL (US$ 148) para un operador de máquinas. Quienes tienen más de un año de experiencia ganan 2120 LSL (US$ 155). Los trabajadores exigen un aumento del 20 por ciento para mejorar los bajos salarios, que son insuficientes para cubrir sus costos de vida.

“El gobierno debe anunciar los aumentos salariales y tener en consideración el sustento de los trabajadores, que han esperado por un aumento durante dos años. El derecho de los trabajadores a la libertad sindical debe ser respetado, y la policía debe dejar de utilizar la fuerza contra los trabajadores en huelga. Apoyamos la lucha del IDUL por un salario mínimo digno”,

declaró Paule France Ndessomin, secretaria regional de IndustriALL para África Subsahariana.

Foto: el IDUL en una manifestación en Lesoto, 2019

Mas de 420 mil personas marcharon en Brasil contra mala gestión de Bolsonaro

Miles de personas salieron a las calles del país con tapabocas, pancartas y carteles con las frase “fuera Bolsonaro” y “vacuna en el brazo, comida en el plato”. Desde trabajadores hasta familias, estudiantes y artistas rechazaron la mala gestión gubernamental de la pandemia, la cual cobró alrededor de 2000 vidas al día. Un total de 450.000 brasileños ya han muerto a causa de la COVID-19.

Las protestas se efectuaron con las medidas de prevención de contagio del COVID-19, desde el uso de tapabocas, hasta el de alcohol en gel y el distanciamiento social. Los organizadores ofrecieron tapabocas y orientaron sobre cómo usarlos. La jornada se desarrolló de forma pacífica, salvo en Recife donde la policía antidisturbios disparó balas de goma y bombas de gas lacrimógeno. Incluso, la concejala del Partido de los Trabajadores (PT), Liana Cirne recibió agresiones con gas pimienta.

Después de Estados Unidos, Brasil es el segundo país con mayor cantidad de muertes por la pandemia. Además, supera los 16 millones de casos de coronavirus, ocupando así el tercer lugar a nivel mundial. El primer mandatario de Brasil desestimó a la covid-19 como una "pequeña gripe", se opuso al uso del tapabocas y al confinamiento. 

Por ese motivo, los propulsores de las manifestaciones pidieron un juicio político a Bolsonaro y la aceleración de la vacunación contra la covid-19. Además, reclamaron un aumento del valor de la ayuda de emergencia a 600 reales (116 dólares americanos aproximadamente) para combatir el hambre y el desempleo, el cual alcanzó la cifra record de 14,7 millones en el primer trimestre de 2021. Además, defendieron los servicios públicos, rechazaron las privatizaciones, la reforma administrativa y los recortes en la educación.

Algunas de estas demandas forman parte de la agenda de atención prioritaria que presentaron las centrales sindicales el 26 de mayo en el Congreso nacional. Entre otros puntos, propusieron el aumento de la ayuda a R$ 600, medidas para la protección del empleo y el salario, suspender las patentes de vacunas, y promover el desarrollo y la reindustrialización del país.

Finalmente, la copresidenta regional de IndustriALL y presidenta de la CNQ/CUT, de Brasil, Lucineide Varjão Soares, declaró:

“Las calles de las ciudades brasileñas se tiñeron con los colores de las banderas de todos los movimientos que luchan contra la política genocida del desgobierno de Bolsonaro, el cual niega la existencia de la pandemia y de la crisis de salud que atravesamos. Reavivamos nuestras esperanzas y sueños de cambio, de una vacuna para todos, de justicia, contra el hambre y el desempleo.

Fueron manifestaciones de indignación con un sentimiento de luto por las más de 450 mil muertes a raíz de la pandemia. Es necesario movilizarse con todas las precauciones necesarias, porque solo así se pondrá fin a las políticas y retrocesos de este desgobierno.”

El comité nacional del paro desarrolla nuevas movilizaciones en Colombia

Grandes movilizaciones se desarrollan por todo el país desde el 28 de abril como parte del Paro Nacional. El Comité que lo impulsa desde el inicio, compuesto por organizaciones sociales, étnicas, populares y sindicales (muchas afiliadas a IndustriALL Global Union), convocó a una nueva jornada de protestas para el 2 y el 9 de junio.

Explica que el objetivo es exigirle al gobierno que firme una nueva propuesta para garantizar la desmilitarización de la protesta social y el respeto de los derechos humanos. El Comité rechazó el recrudecimiento de la violencia policial en los últimos días, especialmente en la ciudad de Cali y pidió que derogue el decreto de militarización nº 575 de 2021 promulgado el 28 de mayo, el cual imparte instrucciones para la conservación y restablecimiento del orden público.

Hasta el momento, el Comité contabiliza 70 homicidios ocasionados por la violencia policial en las protestas (14 de ellos ocurridos el 28 de mayo en Cali), 51 con lesiones oculares, 1502 detenciones arbitrarias y 87 personas víctimas de violencias basadas en género.

El presidente de Sintracarbón (afiliado a IndustriALL), Igor Díaz, dijo:

“En Colombia se vive un estallido social. La población civil está activada contra la fuerza represiva del estado. Tenemos un estado que no responde y el número de muertes es alto.

Algunas decisiones del gobierno fueron derrotadas, como la reforma tributaria y de la salud, pero aún hay muchos temas por tocar y es parte de la reactivación de la manifestación. Es nuestra responsabilidad tener un país diferente y que el nivel de conciencia social aumente.”

El Comité asegura que fue gracias a la presión ejercida con las protestas que lograron detener dos reformas regresivas: la tributaria y la de la salud. El gobierno retiró la tributaria el 2 de mayo, y las comisiones del Senado y de la Cámara de representantes archivaron la reforma de la salud el 19 de mayo.

Al mismo tiempo, ratificó su voluntad de llegar a un acuerdo por la vía del diálogo y de un proceso de negociación con el gobierno. El objetivo es negociar el pliego de emergencia presentado por el Comité, en el cual piden replantear el modelo económico, social y político, priorizar la necesidad de superar la pobreza, la desigualdad, las discriminaciones y la violencia.

Por otra parte, la Comisión de Aplicación de Normas (CAN) de la 109° Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluyó a Colombia en la lista corta de los países que tienen los casos más graves de ataques a los derechos laborales. El Gobierno de Colombia deberá brindarle información respecto a los casos relacionados al convenio 87 sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación.

Finalmente, el secretario regional de IndustriALL, Marino Vani, expresó:

“Nos solidarizamos con el pueblo colombiano por su lucha y determinación para construir un país más justo y equitativo. Lamentamos la violencia del estado y del gobierno; consideramos que los asesinatos y violaciones de paramilitares son inaceptables, ya que tratan de imponer el miedo y el terror.

Exhortamos al gobierno a cambiar de actitud, a parar con las balas y la represión, priorizar el diálogo y a brindar respuestas concretas a la agenda que propone la ciudadanía organizada, representativa y activa.”      

Un tribunal obliga a Shell a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

Este notable avance hacia la responsabilización de las corporaciones se produjo después de que grupos de activistas presentaran una demanda en abril de 2019 en nombre de más de 17.000 ciudadanos holandeses, alegando que la inversión continua de Shell en combustibles fósiles representa una amenaza para los derechos humanos. El tribunal decidió que “la política climática de Shell no es concreta y está llena de condiciones (…) lo cual no es suficiente”, y ordenó a la empresa reducir las emisiones de carbono en un asombroso 45 por ciento para 2030.

Este fallo sienta un precedente importante, ya que allana el camino para iniciar acciones legales relativas al cambio climático contra otras empresas del sector energético, como Total, BP, Exxon o Chevron, lo que las obliga a ir más allá en el desarrollo y la implementación de sus planes de reducción de emisiones.

Shell declaró que apelará el fallo y que se ha fijado el objetivo de convertirse en una empresa neutra en carbono para 2050.

Sin embargo, en una entrevista reciente sobre sus objetivos en materia de energía limpia, el director ejecutivo de Shell, Ben Van Beurden, afirmó que la empresa se enfoca en el lado de la demanda, y manifestó que tiene esperanzas de que la demanda de petróleo y gas se mantenga durante mucho tiempo. Entonces, mientras persista la demanda de estos recursos, Shell continuará perforando, lo que hace que sus compromisos sean poco convincentes.

Valter Sanches, el secretario general de IndustriALL Global Union, expresó:

“Shell no ha cumplido con su responsabilidad de debida diligencia de conformidad con la ley holandesa, ya que sus políticas y emisiones contribuyen a un peligroso cambio climático. Esperamos y exigimos que este fallo obligue a Shell y otras empresas petroleras a desarrollar planes reales para reducir sus emisiones de carbono e invertir en energía y productos verdes acompañados de una Transición Justa socialmente aceptable. La transición debe realizarse en consulta con los trabajadores y sus sindicatos para lograr justicia en los lugares de trabajo y las comunidades”.

IndustriALL Global Union cuenta con una red sindical, en la que participan sus afiliados afectados, que ha impulsado campañas para exigir a Shell que aplique los mismos estándares de alto nivel en sus operaciones en todas partes, incluidos sus proveedores. No obstante, la empresa sigue siendo hostil a los sindicatos y se niega a comprometerse con ellos para limitar el trabajo precario y mejorar la salud y la seguridad a nivel mundial. Recientemente, en EE. UU., Shell decidió retirarse de la industria de refinación de forma repentina al vender la refinería Puget a HollyFrontier y la Deer Park a la petrolera estatal mexicana Pemex, aunque esta última siempre se presentó como una refinería insignia de Shell en el país. A partir de ello, ha surgido un riesgo considerable de que cientos de trabajadores se queden por el camino. Los empleados de esta refinería son miembros del USW, sindicato afiliado a IndustriALL.  

Los mineros de Pakistán, condenados a trabajar en encerronas mortíferas

Mohammad Israr, de 17 años, reza con el corazón encogido cada vez que entra en la mortífera mina de carbón de gran riqueza mineral situada en la provincia sudoccidental de Beluchistán, donde perdió la vida su padre. “Mi padre trabajó en minas de carbón durante más de dos décadas. Tras su muerte, hace más de un año, me vi obligado a dejar mis estudios y a abandonar mi casa para venir a trabajar aquí como minero”, cuenta a Equal Times.

Con sus conocimientos básicos de escritura árabe y un breve bagaje de estudios religiosos, Israr ha escrito con tiza blanca varios versos sagrados en la entrada negra y manchada de la mina, como augurio de buena suerte y protección. “Confiamos plenamente en Alá. Es lo único que puede protegernos aquí”, señala Israr, oriundo de la antigua fortaleza talibán del valle de Swat en Khyber Pakhtunkhwa, al norte de Pakistán, a más de 1.600 kilómetros de distancia.

Israr trabaja más de 10 horas diarias como ayudante en el interior de la mina y, ocasionalmente, cargando carbón. El trabajo le reporta unos 10 dólares (8,2 euros) diarios, pero es agotador y peligroso. Adaptarse a las temperaturas extremas de Beluchistán, donde en invierno descienden por debajo de 0°C y en los meses más calurosos suelen superar los 40°C, así como al trabajo mortalmente peligroso de la minería a pequeña escala, ha sido física y mentalmente muy duro para este adolescente.

Pero Israr no tiene otra opción. “Tengo que devolver los préstamos que pedimos para hacer frente a los gastos cuando murió mi padre, y tengo que ocuparme de mis nueve hermanos y de mi madre. Y no hay más trabajo que este”, nos explica.

Según el estudio estadístico de energía mundial de BP, BP Statistical Review of World Energy 2020, Pakistán cuenta con algunas de las mayores reservas de carbón del mundo (3.064 millones de toneladas), y el carbón se utiliza para alimentar todo tipo de instalaciones, desde hornos de ladrillos hasta fábricas de cemento y centrales eléctricas. Pero la explotación del carbón en Pakistán es una actividad sumamente peligrosa.

Aunque resulta difícil obtener datos fiables, dado que la mayoría de los trabajadores pertenecen al sector de la economía informal y los registros de asistencia al trabajo en las minas no son nada rigurosos, cada año pierden la vida más de un centenar de mineros, y, concretamente en 2020, se calcula que murieron 208 mineros.

Otros miles resultan heridos y son incontables los que desarrollan enfermedades y dolencias graves como consecuencia de su trabajo.

Las minas suelen ser explotadas por pequeños y medianos consorcios mineros, o bien por particulares, muchos de los cuales operan a corto plazo con el único objetivo de maximizar beneficios. Con tantas empresas informales, las cifras varían, pero se cree que en Beluchistán hay más de 3.000 minas de carbón registradas que dan trabajo a más de 40.000 mineros. Los mineros de Pakistán, en su mayoría subcontratados, realizan trabajos manuales o semimecanizados en minas de propiedad privada. Estas reciben escasa inversión tecnológica debido a que los costes son asumidos por los propietarios de las minas, los cuales no quieren que sus márgenes de beneficio se vean afectados. El Gobierno ofrece poco o ningún apoyo legal, económico, tecnológico o social a los propietarios de las minas.

La jornada laboral es larga, de hasta 14 horas diarias, y aunque en Pakistán es ilegal que los trabajadores menores de 18 años realicen trabajos peligrosos, el trabajo infantil en la industria minera es habitual, y no es raro encontrar niños de apenas 14 años trabajando bajo tierra. Las medidas de salud y seguridad para los mineros son exiguas, la formación que reciben es escasa o nula, las vacaciones no son remuneradas, el seguro médico es inexistente y los salarios son muy bajos.

La precariedad a la que se enfrentan los trabajadores de las minas de Pakistán se ve agravada por el hecho de que muchos de ellos son migrantes, ya sea de las empobrecidas regiones de Swat y Shangla, en Khyber Pakhtunkhwa –que en el pasado se vieron afectadas por la insurgencia talibán y sufren a presente un subdesarrollo crónico– o del vecino Afganistán. Los que conforman este último grupo trabajan y viven en su mayoría en Pakistán sin disponer de documentos válidos, lo cual les deja a merced de empresarios mineros deshonestos, algunos de los cuales suelen pagar mal a los trabajadores migrantes o no les pagan nada.

Amin Ullah, que ya ha cumplido los 50 años, tenía solo 15 cuando dejó su pueblo del distrito de Shangla para trasladarse a Beluchistán a trabajar como minero. “He esquivado la muerte muchas veces, pero muchos de mis compañeros de trabajo, algunos de los cuales eran familiares o amigos, no sobrevivieron en las minas”, comenta apesadumbrado.

El escaso salario de aproximadamente 250 dólares (206 euros) al mes significa que trabajadores como Amin no pueden permitirse el lujo de tomarse un permiso para ir a visitar a su familia. “La última vez que estuve en mi casa de Shangla fue en 2014. Me he perdido muchos Eids [el festival sagrado musulmán] y otras muchas cosas. Se me parte el corazón”.

Es hora de abordar la crisis de seguridad

A pesar de la espeluznante cifra de muertos en 2020, 2021 podría ser aún peor en lo que respecta a la seguridad en las minas. El año empezó en la ignominia con una serie de accidentes, en particular la muerte de al menos 15 mineros del carbón en dos sucesos separados que se produjeron con menos de una semana de diferencia, cuando el gas metano atrapado explotó en feroces incendios en el interior de varias minas de Beluchistán occidental. En febrero murieron cuatro mineros del carbón tras el derrumbe de una mina en el distrito de Duki, en Beluchistán. Y el 25 de diciembre de 2020, seis mineros del carbón quedaron atrapados en otra mina del mismo distrito.

Debido a los primitivos métodos de extracción que se emplean en la mayoría de las minas de carbón, los trabajadores corren el riesgo de morir o sufrir graves lesiones por explosiones de gas, derrumbes de las paredes de la mina, inundaciones y accidentes relacionados con el equipamiento. También son frecuentes las enfermedades de origen laboral, como la del pulmón negro (una enfermedad incurable que se puede prevenir, causada por la inhalación de polvo de las minas de carbón), la pérdida de audición, los trastornos de médula espinal provocados por la continua vibración de la maquinaria, trastornos de la vista y tuberculosis.

El suministro de equipamiento de rescate, de equipamiento para la detección de gas metano y de una ventilación adecuada es escaso o inadecuado. Lo mismo ocurre con los servicios de extinción de incendios, hospitales, ambulancias y farmacias, puesto que no son accesibles desde las minas. También hay una gran carencia de mecanismos eficaces de supervisión de la salud y la seguridad: según un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos-Pakistán no hay más que un inspector jefe de minas para todo Beluchistán, y solo realiza 10 visitas al mes. Un artículo de 2018 para Dawn, uno de los principales periódicos de Pakistán, afirma además que “a pesar de los 45 incidentes documentados, que han provocado más de 318 muertes en los últimos ocho años, el inspector jefe de minas de Beluchistán no ha procesado a un solo propietario/gerente de minas por negligencia criminal”.

Pero ni el Gobierno ni los propietarios de las minas se han comprometido a tomar las medidas necesarias para mejorar las condiciones de trabajo de los mineros de Pakistán. El veterano activista de derechos laborales, Karamat Ali, afirma que los mineros de Pakistán soportan unas “condiciones inhumanas”. “Exigimos encarecidamente que el Gobierno de Pakistán ratifique el Convenio 176 (C176) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre seguridad en las minas, que esperamos establezca el marco adecuado para abordar la crisis de seguridad”, explica a Equal Times.

El C176, también conocido como el Convenio sobre seguridad y salud en las minas, fue adoptado en la 82ª Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT de 1995. Reconoce que en la minería existen peligros inherentes al lugar de trabajo, y tiene por objeto crear una norma que pueda ser utilizada por cualquier país que lo ratifique para promover la salud y la seguridad de los mineros.

Sin embargo, de momento Pakistán ha optado por no ratificar el C176. “Lamentablemente, todos los partidos políticos, y el actual Gobierno en particular, son anti mano de obra y elitistas”, señala Ali. “No solo se oponen a los convenios favorables a los trabajadores, sino que siguen mostrándose reacios a aplicar los que ya han sido ratificados, como el C98 de la OIT [nota del editor: el Convenio de 1949 sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, uno de los ocho convenios fundamentales de la OIT]”, puntualiza Ali, que lleva más de cinco décadas formando parte de los movimientos sindicales y por la paz en Pakistán, y es miembro fundador de diversas redes locales y regionales, como el South Asia Labour Forum. “La tasa de formación de sindicatos en Pakistán está por debajo del 2%”, añade.

IndustriAll, la federación sindical mundial con sede en Ginebra, que representa a más de 50 millones de trabajadores en 140 países, ha estado trabajando con sindicatos locales para hacer campaña a favor de la ratificación y la aplicación del C176 de la OIT en Pakistán. Tanveer Nazir, coordinador de proyectos de IndustriALL, explica a este medio que la falta de inversión y la escasa regulación del sector son la causa de lo que el secretario general adjunto de IndustriALL, Kemal Özkan, describe como “la vergonzosa matanza” del sector. “Pese a los avances tecnológicos en todo el mundo, los operadores y propietarios de las minas de carbón no quieren abandonar sus peligrosos y arcaicos métodos de extracción”, explica Nazir.

“El Gobierno no ha regulado ni registrado las minas de carbón ni a los mineros. Tampoco ha aplicado medidas de seguridad estrictas para los mineros, y menos aún ha invertido en equipos de seguridad para socorristas e inspectores. Por desgracia, numerosas minas de carbón son explotadas de manera informal por pequeñas o grandes mafias que utilizan su influencia para mantener alejados a los inspectores de seguridad del Gobierno y para evitar pagar, en caso de lesión o muerte, las obligatorias indemnizaciones a las familias de los trabajadores”.

Uno de los principales obstáculos para la ratificación del C176 ha sido la estructura federal del país y la debilidad del Estado. Algunos observadores afirman que el Gobierno central no se opone a ratificar el convenio, pero los propietarios de las minas locales ejercen fuertes presiones sobre los Gobiernos locales para que no lo hagan. Sin embargo, para que el convenio sea efectivo, ha de ser aplicado rigurosamente por los Gobiernos provinciales una vez ratificado por el Gobierno federal.

Enfrentarse a los accidentes laborales (y al terrorismo)

La mayor parte de la minería del carbón en Pakistán tiene lugar en Beluchistán, donde el Estado y los líderes tribales se disputan la soberanía. El portavoz del Gobierno de Beluchistán, Liaqat Shahwani, indicó a Equal Times que la Ley de minas de 1923 de Pakistán cubre la mayoría de los asuntos relacionados con la minería. No obstante, reconoció que asuntos como el derecho de los trabajadores a denunciar accidentes, el derecho a elegir representantes en materia de salud y seguridad, y la formación de los trabajadores son aspectos que no se contemplan en dicha ley.

“Beluchistán necesita el apoyo de la comunidad internacional en lo que respecta a la seguridad de los mineros y los programas de formación. También necesita que los inversores garanticen la fabricación y la disponibilidad en toda la industria de equipos de salud y seguridad, como detectores de gas, autorrescatadores y respiradores”, que, por lo general, son importados del extranjero y mantenidos con ayuda de expertos extranjeros.

Pero los sindicatos consideran que hay que hacer mucho más. Nazir, de IndustriALL, afirma que la Ley de minas de 1923 no basta para proteger a los mineros porque, tras la 18ª Enmienda Constitucional de 2010, que recortó los poderes del presidente y del

Paralelamente a la incesante racha de accidentes mortales en las minas de carbón, los terroristas partidarios del Estado Islámico y los separatistas de la etnia baluchi también suponen una funesta amenaza para los trabajadores de las minas procedentes de las zonas del norte de Pakistán, así como las comunidades chiitas de la sierra central del vecino Afganistán.

máxima autoridad para promulgar y aplicar cualquier legislación. “En Pakistán el proceso legislativo es también muy complicado debido a la inestabilidad política”, asegura Nazir.

El 9 de abril se descubrieron los restos mortales de 16 mineros del carbón en una fosa común de Khyber Pakhtunkhwa, casi una década después de su desaparición. La zona donde se encontraron había sido en su día un reducto de los talibanes paquistaníes, pero los residente afirman que, en el momento de la desaparición de los mineros, tanto los militantes como las fuerzas de seguridad paquistaníes estuvieron perpetrando secuestros y asesinatos, estos últimos en el marco de sus operaciones antiterroristas.

Semanas antes del hallazgo de los cadáveres, varios hombres armados vinculados a un grupo local de terroristas partidarios del Estado Islámico asesinaron brutalmente a 11 trabajadores de la etnia hazara, un grupo minoritario chiita perseguido desde hace tiempo en Pakistán y Afganistán, en el distrito de Mach de Beluchistán. El grupo se atribuyó la responsabilidad de vendar los ojos y posteriormente ahorcar a los trabajadores en su recinto comunal, cerca de las minas en las que trabajaban.

Mohammad Ali, compañero de Israr, señala que la masacre de los trabajadores de la mina de Hazara en Mach ha agravado el trauma que sufren los mineros del carbón de Beluchistán. “La espada de la muerte pende en todo momento sobre nuestras cabezas dentro de la mina de carbón, ya que puede derrumbarse sobre nosotros en cualquier momento, pero la matanza de los trabajadores en los locales donde duermen por la noche demuestra que no estamos seguros en ningún sitio”, nos dice este joven de 20 años.

Los miembros de la comunidad hazara creen que el incidente de Mach es idéntico a los asesinatos colectivos de sus miembros en otras partes de Pakistán y Afganistán debido a sus creencias religiosas. Organizaron durante varios días una sentada de protesta junto a los ataúdes de los trabajadores de la mina para exigir desesperadamente más seguridad.

Esto llevó al primer ministro Imran Khan a prometer a la debilitada comunidad hazara que garantizaría su seguridad, al tiempo que calificaba la masacre de intento de instigar la violencia sectaria en el país. “Comparto vuestro dolor y no es la primera vez que me dirijo a vosotros para acompañaros en vuestro sufrimiento. […] Nunca traicionaré la confianza de mi pueblo”, tuiteó.

Muchos trabajadores mineros de la etnia hazara proceden de la región de Hazarajat, en el centro de Afganistán. En una conversación con Equal Times, varios de ellos explicaron que huyeron de Afganistán para escapar de la guerra y la persecución y que, debido a la falta de documentación adecuada, su única opción de trabajo era la minería ilegal. “Nos hacen trabajar más horas y en condiciones abusivas, pero ¿qué podemos hacer? No podemos alzar la voz ni reclamar justicia”, señala un trabajador afgano de una mina de carbón.

Este artículo ha sido publicado en Equal Times

Se logra prórroga de 3 meses al Acuerdo de Transición de Bangladesh

De cara al vencimiento del Acuerdo de Transición de Bangladesh de 2018, que tendrá lugar la próxima semana, UNI Global Union, IndustriALL Global Union y un comité de negociación que representa a las principales marcas de moda se complacen en anunciar que han llegado a un acuerdo tentativo para extender los compromisos actuales del Acuerdo de 2018 durante tres meses mientras continúan las negociaciones. Este acuerdo provisional aún debe ser firmado por cada marca.

El secretario general de IndustriALL, Valter Sanches, expresó:

“El Acuerdo ha jugado un papel significativo en la prevención de los accidentes mortales desde su creación en 2013, y el trabajo debe continuar. Esta prórroga de tres meses es un compromiso muy importante.

“Demuestra que no permitiremos que se ponga en peligro la salud y la seguridad de los trabajadores de la confección de Bangladesh mientras seguimos negociando un acuerdo sucesor con las marcas, preservando los logros en Bangladesh y también expandiéndolos a otros países”.

Kirguistán: vetan controvertida ley sindical

Los sindicatos de Kirguistán han estado luchando durante dos años contra la ley ahora vetada, que se considera una violación de la Constitución nacional y los Convenios 87 y 98 de la OIT, ratificados por este país.

Luego de que el presidente presentara sus objeciones, la ley volvió al Parlamento el 27 de mayo. Ahora, el Parlamento deberá reelaborarla y preparar una versión consensuada. Los representantes del gobierno, los sindicatos y las asociaciones de empleadores deberían formar parte de la comisión de conciliación.

“Estamos a favor de las reformas en los sindicatos y de la aprobación de un proyecto de ley consensuado destinado a mejorar las condiciones de trabajo y fortalecer el derecho de los trabajadores a la libertad sindical”, expresó Eldar Tadjibaev, presidente del Sindicato de Minería y Metalurgia de Kirguistán.

Varias organizaciones internacionales, incluidas IndustriALL, la CSI, la OIT y la ONU, así como sindicatos de todo el mundo, habían presentado objeciones. IndustriALL instó al presidente a vetar la nueva ley y solicitó la intervención de la Comisión Europea.

Anteriormente, el gobierno de Kirguistán se había opuesto al proyecto de ley, así como también 70.000 trabajadores de Kirguistán firmaron una petición en su contra. Sin embargo, el proyecto de ley sobre sindicatos fue aprobado por el parlamento el 31 de marzo sin consultar a los sindicatos ni tener en cuenta ninguna objeción.

El secretario general adjunto de IndustriALL, Kemal Özkan, afirmó:

“Celebramos la justa decisión del presidente de Kirguistán de vetar la ley sobre sindicatos, que es una violación de los convenios de la OIT y un paso atrás en el desarrollo de una sociedad democrática. Pedimos a Kirguistán que toda reforma de la legislación sindical se lleve a cabo en consulta plena con los sindicatos y de conformidad con las normas internacionales fundamentales en materia de trabajo”.

Sindicatos latinoamericanos defienden una transición justa en BHP

Los dirigentes sindicales de Brasil, Colombia, Chile y Perú desarrollaron una reunión virtual de la red regional de trabajadores de BHP el 26 de mayo. Dialogaron sobre la industria minera post Covid-19, la recuperación y los desafíos para la red de América Latina.

La secretaria regional adjunta para América Latina y el Caribe, Laura Carter habló sobre el contexto de la región y dijo que la desindustrialización crece cada vez más, que se está volviendo a la exportación de commodities y que cada vez cierran más empresas.  

“Exigimos una industria que provea buenas condiciones de trabajo, que respete los derechos fundamentales, cuide del medio ambiente y de las comunidades. Aunque pueden parecer muchos reclamos, todo se resume en una única demanda: sostenibilidad“ dijo Carter.

Al consultar a los dirigentes de cada país, los trabajadores de Antamina (propiedad de BHP en Perú), explicaron que en su país las empresas se están desindustrializando y que muchas están sistematizando su producción. De este modo, desplazan a los trabajadores y contratan a personas para operar de manera remota.

Además, mencionaron que con la pandemia algunas empresas pusieron en práctica nuevos turnos de trabajo perjudiciales para la salud. Por eso, enfatizaron en que tanto en BHP como en las demás empresas del país es importante luchar en defensa de una transición justa, donde se respete el derecho a la salud y seguridad en el trabajo.  

En tanto, los trabajadores de Colombia explicaron que Cerrejón (propiedad parcial de BHP) despidió recientemente a 200 trabajadores. El sindicato solicitó una reunión con la empresa para que dialogue con los trabajadores despedidos para que los reintegren y les brinden mejores condiciones laborales.      

Expresaron su agradecimiento a IndustriALL Global Union por organizar un seminario nacional de BHP sobre seguridad, salud en el trabajo y transición justa para Sintracarbón, el 18 de mayo. Resultó necesario efectuarlo porque Cerrejón desea implementar un cambio de turnos que afectaría la salud y seguridad de sus trabajadores.

Además, denunciaron que en la empresa ocurren accidentes de trabajo casi a diario, pero aún no se reconoce a la minería a cielo abierto como una actividad de alto riesgo.

Otro problema es que el país no tiene una política de transición justa, y que Cerrejón tampoco cuenta con un plan de cierre para cuando finalice su contrato en 14 años. Por ese motivo, Sintracarbón incluyó un foro sobre transición justa en su convención colectiva. Busca que Cerrejón asigne recursos para poder desarrollarlo y que participe en las discusiones con los trabajadores para buscar una solución juntos.

El director del sector de minería y DGOJP de IndustriALL, Glen Mpufane concluyó:

“Los trabajadores de BHP en América Latina enfrentan varios desafíos. Uno es la necesidad de impulsar una transición justa hacia un futuro libre de carbono. Otro es defender la salud y seguridad ocupacional, porque existe una brecha.

La solución debe venir de nuestras propias experiencias; no hay una única política que solucione toda la transición justa, pero la experiencia internacional sugiere que hay buenas posibilidades de éxito.”

Las mujeres mineras se unen para combatir la inequidad de género

Los participantes de la reunión coincidieron en que el abuso hacia las mujeres que trabajan en las minas es promovido por una cultura de masculinidad tóxica. La violencia de género, tanto física como verbal, es habitual.

Las mujeres sufren sexismo y acoso sexual a diario. En Canadá, el 40 % de las trabajadoras de las minas encuestadas han padecido conductas indebidas, como comentarios sexistas o manoseos no apropiados. En Sudáfrica, se ha violado y asesinado a las mujeres en las minas. Aunque algunas empresas mineras han desarrollado políticas, estas suelen tomar pocas medidas para proteger a las trabajadoras, e incluso algunas están haciendo la vista gorda ante los casos reportados.

Lucineide Varjão Soares, copresidenta regional de IndustriALL, copresidenta del sector minero y presidenta de la CNQ/CUT, de Brasil, declaró:

“La participación femenina en la minería no es solo un problema de las mujeres, sino también un problema sindical. Los sindicatos deben representar y apoyar a las mineras. Sus voces deben ser escuchadas y celebradas. Sobre todo, debemos promover la solidaridad hacia las mujeres mineras para hacer frente a los desafíos del futuro”.

La perpetuación de los estereotipos y la discriminación de género, la brecha salarial, la limitada protección de la maternidad, las condiciones de trabajo precarias e inseguras, los despidos injustos y la falta de equipo de protección personal adecuado son todos obstáculos para el progreso de las mujeres.

Las leyes y las regulaciones actuales son barreras importantes contra el empleo femenino en las minas. El Convenio 45 de la OIT aprobado en 1935, que prohíbe la participación de mujeres en sitios de explotación minera, si bien es anticuado y discriminatorio, aún está en vigor en 68 países. Camila Meireles, de la OIT, afirmó a los participantes que la organización está desarrollando un nuevo enfoque al proteger a las trabajadoras bajo el C176.

Los participantes destacaron la importancia de que se implementen leyes en materia de equidad de género a nivel nacional y de que los países ratifiquen el C190 y el C176 de la OIT.

“Exigimos que el comité de salud y seguridad se involucre en las minas con empleadas mujeres para promover la equidad laboral. Queremos acabar con los comentarios sexistas, los manoseos y las cámaras ocultas en los baños femeninos. El hostigamiento y el acoso hacia las mujeres indígenas, que sufren más acoso que otras, debe terminar”,

declaró Deb Veit, de UNIFOR, Canadá.

Los participantes coincidieron en que se necesitan más espacios abiertos para las discusiones en materia de inequidad de género en la industria minera. Se instó a los sindicatos a desempeñar un papel activo para incentivar la rendición de cuentas por parte de las empresas de este sector. Generalmente, las empresas mineras se han centrado en el desequilibrio de género a expensas de otras problemáticas.

Las necesidades de salud de las trabajadoras son un ejemplo de ello: siguen haciendo falta salas de lactancia y cuartos de baño en los lugares de trabajo.

“Como órgano de control, el sindicato tiene el deber de poner punto final a la discriminación de género. Hemos luchado por la protección de la maternidad en los convenios colectivos y hemos hecho campañas a favor de la equidad de género”,

expresó Lydia Nkopane, del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros de Sudáfrica.

Las recomendaciones propuestas en la reunión incluyen identificar y desarrollar sindicatos más inclusivos y diversos, con una mayor representación y participación activa de las mujeres, promover la equidad de género en la negociación colectiva y el diálogo social, y atraer más mujeres a la industria minera a partir de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

Las mujeres también se beneficiarán, al igual que los hombres, de las nuevas tecnologías y la Industria 4.0. Los hombres también deben recibir capacitación sobre equidad de género y formar parte de las campañas. Asimismo, debe promoverse la igualdad de género en la minería artesanal y de pequeña escala.

Hidanora Pérez, de Sintracarbón, Colombia, declaró:

“Para compartir espacios de poder en los lugares de trabajo y los sindicatos, necesitamos más mujeres en los cargos directivos. Precisamos ser representadas por mujeres que entiendan las problemáticas, así como la capacitación necesaria para hacer frente a la falta de participación femenina”.

En la reunión se recomendó dialogar con las corporaciones multinacionales en materia de equidad de género e incluir cláusulas en los acuerdos existentes. La integración de una perspectiva de género en la debida diligencia en materia de derechos humanos en toda la cadena de suministro, así como las campañas para promover la influencia de los inversores, se identificaron como esenciales.

“La equidad de género es una cuestión de desarrollo. Debemos definir puestos para las mujeres a través de sistemas de cuotas y capacitar a los dirigentes sindicales en la integración de la perspectiva de género”,

afirmó Vida Brewu, del Sindicato de Trabajadores Mineros de Ghana.

Glen Mpufane, el director de minería de IndustriALL, declaró:

“Es importante promover la equidad de género para poner fin a la marginación y la discriminación de las mujeres. Debe integrarse la debida diligencia con perspectiva de género en la minería sostenible, tal como se refleja en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y otros documentos de la ONU”.