Continúa la lucha contra la violencia y el acoso en ENI

El acuerdo estipula que ENI debe garantizar un mundo del trabajo libre de violencia y acoso.

Sus puntos principales incluyen los siguientes:

ENI prohíbe cualquier forma de violencia y acoso en el trabajo, haciendo énfasis en su política de tolerancia cero.

Se prestará atención particular a la violencia y el acoso por razón de género y se ofrecerá una protección integral a las personas más vulnerables.

El acuerdo será aplicable a todos los trabajadores de ENI, independientemente de su situación laboral.

El acuerdo no cubrirá solamente el lugar de trabajo, sino que, según lo dispuesto en el C190 de la OIT, también abarcará todo el mundo del trabajo, es decir, la violencia y el acoso que ocurren más allá del lugar de trabajo físico, incluso a través de herramientas digitales.

Se promoverá una cultura de lucha contra la violencia y el acoso por medio de la información, la formación y la implementación de medidas preventivas.

Se implementará un sistema de denuncias en el que se confirmará que todos los casos sean debidamente investigados, se respetará la confidencialidad y se garantizará la protección contra la victimización y las represalias.

“Un mundo del trabajo libre de violencia y acoso es un derecho fundamental de todos los trabajadores y especialmente de las mujeres, que se ven afectadas de manera desproporcionada por la violencia. El C190 brinda la oportunidad de añadir cláusulas importantes a los AMG, en particular sobre violencia de género, y esta es una prioridad para IndustriALL en todos los nuevos AMG. Según los afiliados de IndustriALL, los AMG han sido una ventaja importante para las políticas para el lugar de trabajo y para generar conciencia sobre la violencia de género”,

expresó Atle Høie, secretario general de IndustriALL. 

IndustriALL también tiene como objetivo incluir términos en los AMG sobre las consecuencias de la violencia doméstica en el mundo del trabajo, así como sobre las medidas que los empleadores deben tomar para mitigar estos impactos.

Sindicato ghanés exige la ratificación del Convenio 176 de la OIT luego de una explosión que mató a 13 personas y destruyó una aldea

Algunas casas fueron arrasadas mientras que otras sufrieron daños graves por la explosión. La Comisión de Minerales de Ghana está llevando a cabo una investigación sobre la explosión. La licencia de explotación minera del fabricante de explosivos, Maxim Ghana, ha sido suspendida, así como la del subcontratista que transportaba los explosivos.

Chirano Gold Mines es administrada por Kinross Gold Corporation, con sede en Canadá.

Según los informes, los explosivos deberían haber sido transportados con escolta policial, lo que no fue así. Desde entonces, el gobierno de Ghana y otras organizaciones han iniciado operaciones de socorro para apoyar a la comunidad.

Según el Sindicato de Trabajadores Mineros de Ghana (GMWU), afiliado a IndustriALL Global Union, esta catástrofe podría haberse evitado si se hubieran seguido los protocolos de salud y seguridad.

El sindicato destaca además que este es un momento oportuno para que el gobierno de Ghana ratifique el Convenio 176 de la Organización Internacional del Trabajo sobre seguridad y salud en las minas y lo incorpore en la legislación nacional como una de las estrategias para evitar que ocurran accidentes similares en el futuro.

Abdul-Moomin Gbana, secretario general de GMWU, expresó:

“El sindicato se solidariza por la pérdida de toda la comunidad de Appiatse, que incluye a algunos de nuestros miembros y sus familias, y desea asegurarles todo nuestro apoyo en estos momentos tan difíciles.

Las comunidades mineras deben recibir garantías de que la minería y las actividades relacionadas no pondrán en peligro sus vidas ni medios de subsistencia. La forma más segura de lograrlo es enfocarse más en la prevención: educando a la ciudadanía, asegurando la estricta aplicación y cumplimiento de las normas de seguridad y castigando de lleno a los infractores”.

Paule France Ndessomin, secretaria regional de IndustriALL para África Subsahariana, declaró:

“Es horrible que se hayan perdido tantas vidas debido a la negligencia y al incumplimiento de las medidas de salud y seguridad. Apoyaremos al GMWU en su campaña por la ratificación del C176 y en la concientización sobre salud y seguridad entre los trabajadores y las comunidades”.

Serias preocupaciones sobre la salud y la seguridad en la India

El 1 de enero de 2022, cuatro trabajadores perdieron la vida en una explosión en una fábrica de fuegos artificiales en el distrito de Virudhunagar, en Tamil Nadu. La explosión provocó el derrumbe del edificio y dejó a varios trabajadores gravemente heridos. El 5 de enero, en un incidente similar, una explosión en otra unidad de fabricación de petardos en Virudhunagar mató a tres trabajadores.

El 6 de enero, seis trabajadores murieron y otros 29 empleados de Vishwaprem Mill, una fábrica de estampado y teñido de textiles, tuvieron que ser hospitalizados después de inhalar gases tóxicos en el arroyo Sachin, en el distrito de Surat. La Junta de Control de la Contaminación de Gujarat confirmó que se había desechado ilegalmente hidrosulfuro de sodio y tiosulfato de sodio en el arroyo natural. Si bien el Tribunal Verde Nacional se ha hecho cargo del asunto, las acciones de las autoridades locales siguen siendo laxas.

El 11 de enero, se produjo otra fuga química en Mangalore. Luego de una fuga de amoníaco, 20 empleados de una unidad de procesamiento de pescado fueron ingresados en un hospital privado en Mukka. Los afiliados indios de IndustriALL Global Union también informaron de accidentes en la zona minera de Northern Coalfield Limited (NCL): el 10 de enero, un camión cisterna de diésel se incendió en la zona del Proyecto Amlorhi en NCL y, el 12 de enero, un trabajador subcontratado murió mientras limpiaba un tanque.

Los accidentes son una característica constante de la vida laboral. El 23 de enero, un trabajador murió y otros cuatro resultaron gravemente heridos en la planta de Megafine Pharma Company, en Lakhmapur-Nashik, debido al incendio de un reactor.

En los últimos cinco años, el gobierno se ha flexibilizado en materia de inspecciones y expedición de licencias para permitir la autocertificación, así como también ha eximido a algunas empresas de presentar informes sobre salud y seguridad para facilitar sus actividades y apoyar a las pequeñas empresas. La baja inversión en salud y seguridad, el uso de maquinaria vieja y decrépita y la falta de capacitación para operarla aumentan el peligro para los trabajadores. Los accidentes industriales se dispararon una vez que las fábricas reiniciaron sus actividades después del confinamiento de tres meses por la COVID-19.

En la India, la disponibilidad de inspectores de salud y seguridad es baja en comparación con la densidad de las fábricas. La implementación efectiva de las normas de salud y seguridad ha sido una demanda de los sindicatos y los trabajadores durante mucho tiempo.

Sanjay Vadhavkar, miembro del comité ejecutivo de IndustriALL, expresó:

“En abril de 2021, el Ministerio de Trabajo y Empleo estableció tres paneles de expertos para investigar las causas del aumento de accidentes y revisar las políticas y prácticas existentes sobre seguridad, salud y condiciones de trabajo. Sin embargo, no se abordaron las preocupaciones y recomendaciones de los sindicatos y los trabajadores. Exigimos que el gobierno central y las autoridades de cada estado divulguen toda la información relevante sobre los accidentes, hagan públicos los informes de investigación y hagan responsables a los empleadores o las autoridades gubernamentales involucradas”.

G. Sanjeeva Reddy, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de la India (INMF-INTUC) y miembro del comité ejecutivo de IndustriALL, expresó:

“Estamos tristes e indignados por estos accidentes, que demuestran claramente fallas graves en las medidas de seguridad. Exigimos una investigación judicial de alto nivel sobre estos accidentes frecuentes, una inspección estricta de las fábricas y minas en coordinación con los representantes de los trabajadores, el fortalecimiento y la implementación genuina de las leyes de salud y seguridad y la abolición completa del sistema de subcontratación”.

El secretario general adjunto de IndustriALL, Kemal Özkan, afirmó:

“Los accidentes industriales tan frecuentes en la India son motivo de gran preocupación y muestran claramente la dilución y el incumplimiento de las normas de seguridad. IndustriALL pide al gobierno indio que revise urgentemente las leyes y normas de seguridad existentes en el país y desarrolle un plan de acción integrado con la ayuda de los sindicatos, con el fin de garantizar que los lugares de trabajo sean seguros y a prueba de incendios, y no una trampa mortal”.

Se mantiene la huelga del sector del papel en Finlandia tras negativa de UPM a negociar

Esta situación afecta a tres afiliados de IndustriALL Global Union: Paperiliitto (sindicato del papel), Teollisuusliitto (sindicato de la industria) y Proliitto (sindicato profesional). Todas las plantas de UPM en Finlandia cesaron sus actividades, lo que ha tenido un costo tremendo para la empresa en un momento de alta demanda de sus productos.

El conflicto surgió luego de que UPM abandonara la negociación sectorial que había estado en marcha durante décadas y se negara a firmar un convenio colectivo único con Paperiliitto, que representa a la mayoría de su fuerza laboral. El objetivo de la empresa es establecer convenios separados para cada uno de sus cinco sectores de actividad.

Además, quiere recategorizar a los 500 trabajadores no manuales representados por Proliitto como personal directivo para excluirlos de la negociación colectiva, y los delegados de este sindicato ya no serán reconocidos. La empresa también detuvo el sistema de retención sobre los salarios para el cobro de cuotas sindicales, que había estado en vigor desde la década de 1970. El convenio colectivo actual entre UPM y Teollisuusliitto sigue vigente, pero este sindicato apoya el reclamo de un convenio uniforme respecto de las condiciones de trabajo.

Además de debilitar la negociación colectiva, UPM quiere incrementar drásticamente las horas de trabajo sin aumentar el salario, lo que resulta en un recorte salarial efectivo del 20 al 30 por ciento para muchos trabajadores. Los sindicatos creen que la empresa provocó deliberadamente la huelga con la intención de utilizarla para socavar el poder sindical.

Desde el lunes 24 de enero, trabajadores portuarios y ferroviarios se han solidarizado con los huelguistas al negarse a manipular las mercancías de UPM.

Petri Vanhala, presidente de Paperiliitto, declaró:

“Hemos propuesto reuniones a UPM en vano. Nuestro único reclamo es que no se destruya el sistema de negociación colectiva y que se mantenga el estándar para la industria acordado con las otras empresas del sector”.

Una huelga de este nivel es algo inusual para Finlandia, que generalmente goza de una relativa armonía en las relaciones laborales gracias a los convenios colectivos a nivel de industria. Para los sindicatos, este ataque a la negociación colectiva tiene una motivación ideológica y la empresa está decidida a socavar a los sindicatos incluso a costa de sufrir daños económicos, lo que sienta un nuevo y peligroso precedente para las relaciones laborales en el país nórdico.

La mediación fracasó porque la empresa se negó a reunirse con los sindicatos. UPM ha ofrecido a los rompehuelgas un pago de bonificación de 30 euros por día, y los sindicatos anticipan que la huelga puede prolongarse por un tiempo indefinido. Los principales representantes de los trabajadores en el Comité de Empresa Europeo se niegan a cooperar con la dirección, en solidaridad con los finlandeses, y los sindicatos que representan a los trabajadores de UPM en otros países están observando de cerca los acontecimientos, y muchos han enviado mensajes de apoyo y solidaridad. Los sindicatos internacionales del sector del papel se reunirán en breve y se emprenderán más acciones de solidaridad.

El director de IndustriALL para este sector, Tom Grinter, expresó:

“La obstinada intransigencia de UPM y su insistencia en romper los convenios colectivos socava la reputación de la empresa a nivel mundial. Los accionistas deberían preocuparse por el daño a la reputación a largo plazo”.

UPM siempre ha sido un caso atípico en la industria finlandesa, ya que ha adoptado una postura antisindical comparativamente dura respecto del resto de las empresas del país. Aunque otras productoras de celulosa y papel en Finlandia han firmado convenios colectivos con sindicatos, UPM se retiró de la asociación de empleadores en 2020.

Foto: Huelguistas en la puerta de UPM Kymi Mill en Kouvola el 1 de enero. Tomada por Henri Koskela, uno de los huelguistas y sindicalistas.

Triunfo sindical: aumenta el salario mínimo en Yakarta

En diciembre, la Confederación Sindical de Indonesia (KSPI) organizó una manifestación a nivel nacional en contra del aumento propuesto de los salarios mínimos provinciales en un 0,8 por ciento, planteado por la Asociación de Empleadores de Indonesia (APINDO), y en un 1,09 por ciento, la oferta del gobierno central.

Después de repetidas protestas sindicales, el gobernador de Yakarta, Anies Baswedan, anunció un aumento del salario mínimo para la región del 5,1 por ciento para 2022, equivalente a IDR 4,64 millones (US$ 323).

Anies argumentó que la nueva tarifa es razonable, ya que, como el aumento del salario mínimo promedio para Yakarta previo a la pandemia era del ocho por ciento, los empleadores pueden permitírselo. A su vez, afirmó que el gobierno de Yakarta debe garantizar la justicia para los trabajadores y aumentar su poder adquisitivo.

“Elogiamos la decisión del gobernador e instamos a las asociaciones de empleadores a aceptar el aumento con el corazón abierto. El aumento del 5,1 por ciento beneficiará tanto a los trabajadores como a los empresarios, ya que incrementará el poder adquisitivo de la población”,

expresó Said Iqbal, presidente de la KSPI y de la asamblea nacional de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Metalúrgicos de Indonesia (FSPMI).

Según la KSPI, el poder del gobierno central para fijar el salario mínimo provincial ha quedado limitado como resultado del fallo del Tribunal Constitucional a favor de la inconstitucionalidad de la Ley sobre la Creación de Empleos.

APINDO presentó una demanda contra la decisión del gobernador de Yakarta. Sin embargo, bajo el sistema descentralizado de fijación de salarios en Indonesia, los empleadores están legalmente obligados a aceptar el nuevo salario mínimo determinado por los alcaldes.

“Felicitamos el gran logro de la KSPI, incluida nuestra afiliada FSPMI. El gobierno y los empleadores de Indonesia deben dejar de utilizar la COVID-19 como excusa para recortar el salario mínimo en el contexto de la recuperación económica. El Banco Mundial ha pronosticado un crecimiento del PIB del 5,2 por ciento para Indonesia en 2022”,

declaró Shinya Iwai, secretaria regional de IndustriALL para el sudeste asiático.

Actualmente, los afiliados de la KSPI y la FSPMI en otras provincias están presentando propuestas de un aumento del salario mínimo del 5,1 por ciento a los respectivos gobernadores.

Estados Unidos: Teamsters hace huelga por un convenio

Los huelguistas son empleados de seis empresas diferentes en la zona de Seattle, Estados Unidos. Dos de las seis firmas, Cadman y Lehigh Cement, son filiales de Heidelberg Cement. Los miembros de la sección 174 trabajan bajo siete convenios negociados simultáneamente, y el más reciente de ellos venció en julio del año pasado.

Los miembros de la sección 174 de Teamsters están pidiendo que se llegue a un acuerdo que ya han aceptado todas las demás empresas del sector de la construcción en la zona.

Las negociaciones esperadas comenzaron seis meses, pero pronto se desmoronaron debido a la rigidez del empleador y su renuencia a negociar de buena fe.

La oferta de la empresa no solo no alcanzó los aumentos salariales previstos en otros convenios de la industria de la construcción negociados recientemente por los sindicatos, sino que, lo que es más insultante, no incluyó la cobertura médica completa para el grupo de 300 empleados que trabajaron sin parar durante la pandemia de COVID-19.

Según el sindicato, su propuesta ahorraría a los miembros jubilados casi US$ 6000 por año en primas y no le costaría nada a las empresas, ya que los miembros de la sección 174 se comprometieron a cubrir cualquier aumento en los costos en los que pudiera incurrir la empresa.

“Los medios de subsistencia de miles de trabajadores están en juego. Hasta ahora, esta huelga le ha costado la vida a dos de nuestros miembros. El seguro médico de cientos de nuestros miembros y sus familias se terminará a fin de mes. ¿A cuánto debe ascender el costo de la huelga antes de que las empresas comiencen a tomarse esto en serio?”, expresó Rick Hicks, secretario-tesorero de la sección 174 de Teamsters.

Tras el fracaso de la última sesión de mediación, los trabajadores no tienen más remedio que continuar la huelga, que hasta ahora se ha prolongado durante más de dos meses.

Fundada en 1909, la sección 174 de Teamsters representa a 8600 trabajadores y trabajadoras en Seattle y sus alrededores.

Alexander Ivanou, director de industrias de materiales de IndustriALL, declaró:

“Estamos indignados por la arrogancia de los empleadores al negarse a negociar de buena fe con el sindicato y obligarlos a emprender acciones colectivas para hacer oír su voz. Expresamos nuestra firme solidaridad con todos los miembros de la sección 174 de Teamsters. La verdad está del lado de los trabajadores y continuaremos apoyándolos en su lucha por la justicia”.

Violencia militar, represión sindical y deterioro de las condiciones laborales en Birmania

Para Thurein Aung, trabajador de la confección y activista sindical, la seguridad en el trayecto –de una hora en motocicleta– que tiene que hacer para ir a trabajar a Rangún depende de los enfrentamientos que se hayan producido días atrás. Cuando el conflicto entre la junta militar de Birmania (Myanmar) y las fuerzas de resistencia popular (organizadas en las principales ciudades birmanas en el marco de las Fuerzas para la Defensa del Pueblo) se aproxima a las zonas industriales, los puestos de control militar comienzan a limitar las carreteras principales.

“Hoy las PDF [siglas en inglés de las Fuerzas para la Defensa del Pueblo] han atacado a los militares, así que ahora habrá más puestos de control”,

explica Thurein Aung a Equal Times. Esto representa una amenaza considerable para la seguridad personal, sobre todo la de los numerosos trabajadores que se desplazan en motocicleta para recorrer las redes formales e informales de transporte público, que pueden ser más o menos fiables.

“A mí me confiscaron una vez la moto y tuve que pagarles 10.000 kyats [aproximadamente 5 euros o 5,60 dólares USD, lo que equivale a tres veces el salario medio diario]”,

afirma. También se han denunciado agresiones sexuales y detenciones en los puestos de control. Pero en las zonas industriales situadas en los alrededores de Rangún, el mayor núcleo urbano y centro industrial de Birmania, esto es lo que los trabajadores tienen que afrontar para ganarse la vida.

Ha pasado casi un año desde que el ejército birmano (oficialmente denominado Tatmadaw) detuvo a varios miembros del Parlamento y a la consejera de Estado Aung San Suu Kyi el 1 de febrero de 2021, derrocando posteriormente al Gobierno civil de la Liga Nacional para la Democracia (LND), elegido democráticamente. Los activistas sindicales fueron de los primeros en organizar protestas a gran escala contra el golpe de Estado, así como la huelga general del 22 de febrero, todo lo cual contribuyó a activar un Movimiento de Desobediencia Civil (MDC) no violento, de ámbito nacional, en apoyo al Gobierno de Unidad Nacional (NUG, por sus siglas en inglés, un Gobierno nacional en el exilio) y en rechazo a la junta militar.

La respuesta del Tatmadaw ha sido implacable. En el momento de publicarse este artículo, más de 1.500 personas han sido asesinadas y se han llevado a cabo más de 11.500 detenciones. El 7 de septiembre el NUG declaró una “guerra defensiva del pueblo” contra el régimen militar, tras lo cual se han producido algunos de los peores enfrentamientos en décadas.

En este contexto, el activismo de los sindicalistas ha tenido un precio considerable. No solo el Gobierno ha declarado ilegal la Myanmar Labour Alliance, compuesta por 16 sindicatos y creada en respuesta al golpe de Estado, sino que los trabajadores de las fábricas (cerca del 10% de los trabajadores birmanos están empleados en la industria manufacturera, un sector de importancia económica clave) tienen que enfrentarse a numerosos retos: amenazas de violencia militar; asesinatos selectivos de activistas; intentos de represión sindical por parte de propietarios de fábricas que cooperan con la junta; reducciones masivas de personal provocadas por la pandemia de covid-19, a presente agravadas por el golpe de Estado; subidas de los precios de los productos básicos a medida que el kyat birmano se desploma; y devaluación de un salario ya de por sí bajo, que actualmente oscila entre el mínimo diario de 4.800 kyats (aproximadamente 2,40 euros o 2,70 dólares) y por debajo de los 3.600 kyats (aproximadamente 1,80 euros o 2 dólares), debido a que propietarios de fábricas carentes de escrúpulos se aprovechan de los trabajadores desesperados.

Avances históricos perdidos y sindicalistas perseguidos

Casi inmediatamente después del golpe de Estado, los sindicatos de diversos sectores organizaron tanto a sus miembros como a trabajadores no sindicalizados para que salieran a la calle y se unieran a las protestas contra la junta. También se animó a los trabajadores a que demostraran su oposición al régimen militar participando en huelgas y paros laborales y ausentándose del trabajo. Pero a medida que transcurrían las semanas y los meses, el salario diario se convirtió en un salvavidas que la mayoría de los trabajadores no podían permitirse perder. Se calcula que únicamente durante los seis primeros meses de 2021 se perdieron 250.000 puestos de trabajo en el sector de la confección, el textil y el calzado, siendo los trabajadores del MDC los primeros en ser despedidos.

Thurein Aung, que sigue trabajando y por ahora ha conseguido eludir la detención, afirma que, desde el comienzo del golpe de Estado, de los 11 sindicatos individuales de las fábricas de Rangún, que anteriormente sumaban 1.300 miembros, ahora apenas quedan 4. Muchos de sus dirigentes se han dado a la fuga.

“Algunos tuvieron que huir a sus aldeas o a alguna zona segura debido a su profunda implicación con la lucha [de la resistencia]”,

afirma.

Khaing Zar Aung, tesorera de la Confederation of Trade Unions Myanmar (CTUM, la mayor federación sindical del país) y presidenta de la Industrial Workers’ Federation of Myanmar (IWFM), confirma que muchos dirigentes sindicales están siendo “perseguidos” por el Tatmadaw.

“[Los responsables de las fábricas] han facilitado a la policía y a los soldados los nombres y direcciones de dirigentes sindicales y de miembros activos”,

explica a Equal Times. Los que son localizados terminan siendo acosados, detenidos o algo peor.

Para los sindicalistas veteranos birmanos estas tácticas constituyen un desagradable recordatorio de las décadas pasadas bajo el brutal régimen militar. Tras 50 años de prohibición de los sindicatos y las organizaciones de trabajadores, los 10 años de gobierno democrático entre 2011 y 2021 supusieron avances significativos, aunque limitados, en materia de derechos sindicales en el país. Por ejemplo, gracias a las reformas llevadas a cabo por el primer gobierno civil posterior a la dictadura, en 2011 se legalizaron los sindicatos y en 2015 se estableció un foro nacional para debatir las relaciones laborales. Con la aplicación de una serie de derechos sindicales formalizados, los inversores extranjeros comenzaron a llegar a Birmania atraídos por su mercado sin explotar.

En los últimos 10 años se ha tratado de implantar medidas de protección contra el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la discriminación de género, pero lo cierto es que el país se encontraba todavía en la fase inicial de creación de políticas modernas y eficaces. Sin unas bases sólidas, los renovados intentos de protección conciliadora por parte del Gobierno de la LND se tambaleaban ya antes del golpe de Estado del 1 de febrero.

Petición de sanciones en medio de crecientes amenazas de violencia

Conforme líderes sindicales como Khaing Zar Aung iban viendo que estas medidas básicas de protección laboral que tanto les había costado conseguir se les escapaban de las manos, surgió un posicionamiento firme. Con el estigma residual de la asociación sindical y sus amenazas siempre presentes, además de un bajo índice general de penetración sindical (los trabajadores sindicalizados representan menos del 1% de la mano de obra), la petición de sanciones económicas generales contra el Gobierno de la junta por parte de la Myanmar Labor Alliance fue un intento atrevido para restablecer los derechos de los trabajadores en el país.

El sector de la confección es de vital importancia para la economía birmana. Antes de la pandemia de la covid-19, dicho sector proveía a marcas mundiales como H&M, Zara y Primark, y empleaba a más de 700.000 trabajadores mal pagados, en su mayoría mujeres, cuya producción representaba una tercera parte de las exportaciones totales del país. Si bien son pocas las marcas que han cesado sus actividades en Birmania, los sindicatos birmanos e internacionales siguen haciendo presión:

“A día de hoy, el derecho a la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva, los derechos de los trabajadores y los derechos humanos no existen en Birmania”,

afirma Khaing Zar Aung. “Bajo la dictadura no puede sobrevivir ningún sindicato democrático. Eso tenemos que entenderlo”.

Parte de los trabajadores se han visto atacados en las fábricas a causa de sus actividades sindicales, mientras que otros se han encontrado de repente sin trabajo, sin haber recibido previo aviso ni indemnización alguna, al suspender los propietarios de las fábricas sus operaciones y darse a la fuga, negándose a pagar meses de salarios atrasados, incluso antes del golpe de Estado. En un documento informativo publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en julio de 2021 (la publicación de una segunda evaluación está prevista para finales de enero de 2022) se constata que, desde finales de 2020, 1,2 millones de trabajadores birmanos perdieron su trabajo, y que en el primer trimestre de 2021 la jornada laboral se habían reducido en un 14%, siendo las pérdidas mayores para las mujeres que para los hombres.

Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios también concluye que desde que comenzaron las restricciones por la covid-19, cerca de una cuarta parte de la población ha perdido su trabajo, mientras que el 18% de las familias carece de ingresos y dos terceras partes han experimentado reducciones en sus ingresos. El informe estima asimismo que en 2022 la mitad del país vivirá en la pobreza.

En las fábricas que siguen abiertas, Khaing Zar Aung afirma que los trabajadores han visto desvanecerse por completo los pocos derechos que habían conseguido anteriormente. Aunque el salario mínimo diario nunca fue un salario digno, la devaluación del kyat en un 60% desde el pasado septiembre ha supuesto un duro golpe para los trabajadores. Si a esto se le suma el impago de las horas extras y la pérdida de bonificaciones, prestaciones y seguridad laboral cotidiana (la ley no ha cambiado, pero en este clima de impunidad algunos empleadores la están ignorando), no es de extrañar que muchos se estén preguntando cómo van a seguir dando de comer a sus familias. Khaing Zar Aung explica que las horas extras forzosas no remuneradas es una práctica cada vez más habitual debido a que los trabajadores se ven obligados a hacer lo que sea para conservar sus puestos de trabajo.

Khaing Zar Aung comenta que, en una fábrica en la que los miembros de la CTUM todavía pueden llevar a cabo sus actividades, los trabajadores fueron despedidos durante cuatro meses y después se les obligó a firmar un convenio que apenas cubría 100.000 kyats (aproximadamente 50 euros o 56 dólares), es decir, dos meses de salario mínimo.

El propietario de la fábrica pagó a varios soldados de la junta para que intimidaran a los 70 empleados que se negaron a firmar.

“Se advirtió a los trabajadores de que si hacían huelga los matarían”.

Según diversos informes independientes, en marzo, seis trabajadores de la zona industrial de Hlaingtharyar, en Rangún, murieron por disparos a raíz de un conflicto laboral que se produjo en la fábrica de calzado china Xing Jia, cuyos propietarios recurrieron a los militares tras una discusión sobre los salarios. Cinco hombres murieron a causa de los disparos de los soldados contra una multitud que protestaba, y una dirigente sindical fue abatida por la policía, mientras que otras 70 personas fueron detenidas.

Relatos como estos han sembrado el temor. Ma Tin Tin Wai, trabajadora de la confección de Rangún, afirma que en su fábrica solo queda el 50% de los trabajadores sindicalizados. Además de las tentativas de represión sindical, también se ha despedido a trabajadores por ausentarse por motivos de enfermedad o por no lograr cumplir unos objetivos de producción cada vez mayores.

“Los empleadores han aprovechado el golpe de Estado para acabar con los sindicatos. Están violando derechos laborales, recortando salarios, forzando a los trabajadores a trabajar y vulnerando todos los convenios anteriores”,

señala.

“Los empleadores que han tratado de destruir los sindicatos en el pasado perciben el golpe de Estado como una oportunidad para aunar fuerzas con los militares y apoderarse de los sindicatos”.

Entre la espada y la pared

Pese a las continuas quejas de los trabajadores, las soluciones para hacer frente al deterioro de las condiciones de trabajo siguen siendo de lo más variadas. Tras el llamamiento de la mayoría de los sindicatos, el apoyo de IndustriALL en favor de la aplicación de sanciones económicas a finales de agosto fue noticia. La federación sindical internacional mencionó la postura de la Myanmar Labor Alliance, así como la constatación histórica de que los trabajadores birmanos nunca podrán negociar en el interior de las fábricas mientras se mantenga la ilegalidad de dicha alianza y se reciban amenazas violentas por parte del Tatmadaw.

La ausencia de libertad sindical también ha avivado el fuego a escala internacional, y numerosos activistas reclaman una mejor diligencia a las marcas de moda mundiales que todavía se abastecen en Birmania. En diciembre, la IWFM decidió retirarse de la iniciativa ACT, un acuerdo en virtud del cual 20 marcas, como ASOS, C&A y H&M, aunaron fuerzas con IndustriALL para promover la negociación colectiva y salarios dignos en la industria de la confección, el textil y el calzado de diversos países proveedores, y más concretamente en Birmania, con objeto de desarrollar estrategias para la resolución de conflictos y compromisos con la libertad sindical. La retirada de la IWFM provocó la decisión de ACT de poner fin a su actividad en Birmania ese mismo mes.

Khaing Zar Aung afirma que, en los conflictos en los que ha ejercido de mediadora, los trabajadores suelen conformarse con menos de lo que piden porque carecen de capacidad de negociación. Al parecer, el anuncio de los sindicatos del 2 de febrero de 2021 de no estar dispuestos a participar en ningún diálogo en el que hubiera representación miliar, como la de los funcionarios de trabajo, se hizo pensando exactamente en esta situación.

“En Birmania no utilizamos mecanismos de resolución de conflictos porque no sirven de nada”,

explica. Los funcionarios de trabajo no actúan de forma independiente:

“Reciben sobornos de la fábrica. ¿Así cómo ayudamos a los trabajadores?”.

Por otra parte, los trabajadores se encuentran entre la espada y la pared: o bien optan por trabajar en unas condiciones cada vez más peligrosas a cambio de unos salarios cada vez más precarios, o bien se unen a la lucha con los activistas del MDC, la mayoría de los cuales sobrevive gracias a donaciones o a iniciativas agrícolas a pequeña escala.

“Es cierto que las condiciones de vida son difíciles, pero los salarios están disminuyendo y los precios de los productos básicos están aumentando. La inseguridad implica que cualquier persona puede ser detenida en cualquier momento, incluso en su propia casa”,

recalca Ma Tin Tin Wai.

“Esta situación no ofrece seguridad alguna”.

Foto: Los manifestantes se paran detrás de escudos improvisados ​​durante una manifestación contra el golpe militar en Yangon, Myanmar, el 1 de marzo de 2021.

Este artículo fue publicado originalmente en Equal Times

Tres años después de la tragedia de Brumadinho, las víctimas aún esperan justicia y reparaciones

El año pasado, en respuesta a una demanda civil presentada contra Vale por el sindicato de trabajadores Sindicato Metabase Brumadinho, un tribunal laboral ordenó a la empresa que pagara una indemnización de 1 millón de reales (US$ 200.000) a las familias de sus empleados. Aunque el desastre mató a 270 personas, esta acción judicial solo benefició a las familias de 131 trabajadores contratados directamente por Vale y no incluyó a los subcontratados.

En una impactante demostración de insensibilidad, Vale, una empresa que, según el sindicato de trabajadores metalúrgicos de Brumadinho, gana 1 millón de reales en 255 segundos, apeló la decisión alegando que el monto de la indemnización adeudada a las víctimas era “absurdo”.

Existen pruebas de que la empresa sabía que la represa era inestable desde hacía 16 años. Un año después del desastre, los fiscales estatales brasileños acusaron al ex presidente ejecutivo de Vale y a otras 15 personas de homicidio. Sin embargo, en octubre de 2021, Vale argumentó, y la Suprema Corte estuvo de acuerdo, que había indicios de que se habían dañado sitios arqueológicos, lo que lo convertía en un delito federal. El Ministerio Público afirma que apelará la decisión.

En 2015, una represa de relaves se derrumbó en la mina Samarco, una empresa conjunta de Vale y BHP en Mariana, y provocó la muerte de 19 personas. Una investigación exhaustiva y adecuada de las causas esta tragedia en Samarco podría haber evitado el desastre de la represa de Brumadinho cuatro años después.  

Las tragedias de Brumadinho y Samarco han generado reclamos de mayor transparencia y regulaciones más estrictas sobre la gestión de las represas de relaves. En 2020, se adoptó un estándar mundial para la industria sobre el manejo de relaves. Para implementarlo, se estableció un panel asesor de múltiples partes interesadas en el que participa IndustriALL Global Union.

IndustriALL Global Union, a pesar de su decepción con el desempeño del PNC brasileño, tomará las recomendaciones que surgieron de la denuncia presentada después del desastre de Samarco.

El secretario general de IndustriALL Global Union, Atle Høie, expresó:

“Vale afirma empatizar con la difícil situación de las víctimas de Brumadinho, pero su resistencia a cualquier forma de acción colectiva demuestra lo contrario. La justicia, la reparación y la rendición de cuentas no pueden separarse de garantizar la seguridad de las represas de relaves”.

Vale opera 43 represas de relaves en Brasil, principalmente en el estado de Minas Gerais. Actualmente, 30 están funcionando bajo protocolos de emergencia, tres de ellas bajo el ‘nivel tres’, que indica un riesgo de ruptura inminente. Los residentes que viven cerca de las represas en los niveles dos y tres han sido evacuados y se han construido barreras de contención para evitar una ruptura catastrófica. La empresa se ha comprometido a desmantelar sus diez represas “aguas arriba”, cuya estructura presenta mayores riesgos de inestabilidad.

Desde 2019, Vale eliminó siete represas aguas arriba a nivel nacional, pero aún quedan 23 y no se espera que se desmantelen muchas de ellas antes de 2035. En los días previos al tercer aniversario del desastre, lluvias torrenciales en el estado de Minas Gerais provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra, lo que aumentó la preocupación respecto de las represas de relaves.

Polémica por licitación de litio en Chile

La manifestación del jueves fue por la decisión del presidente Sebastián Piñera, de seguir adelante con su controvertida licitación de litio iniciada a fines del año pasado. Muchos sectores llamaron al gobierno a suspender el proceso para permitir que el gobierno entrante del izquierdista Gabriel Boric defina una política nacional sobre el litio, siendo esto parte de su plan de gobierno.

 

 A mediados de enero, justo antes de salir, Piñera completó el proceso de licitación al adjudicar contratos por 20 años a dos empresas, la fabricante china de automóviles y baterías BYD y la chilena Servicios y Operaciones Mineras del Norte S.A. perteneciente al conglomerado Errázuriz. Los contratos de 41 millones de dólares permiten la extracción de 160.000 toneladas de litio. No obstante, días después, un tribunal local suspendió el proceso luego de una apelación presentada por el gobierno regional y grupos indígenas en el desierto de Atacama, donde se extrae litio.

Chile tiene las mayores reservas de litio del mundo, mineral fundamental para la producción de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos digitales. La extracción de litio a menudo está vinculada a abusos ambientales, sociales y laborales, y sin políticas industriales sostenibles, el aumento de la producción podría tener un impacto negativo en las comunidades locales, los trabajadores y el medio ambiente.

El Secretario Internacional de Industrial Chile Constramet, Miguel Soto, dijo : 

“Esta licitación es inoportuna e improvisada. Es una licitación que sigue en la lógica extractivista, donde no se pone en resguardo el medioambiente, el respeto al derecho de la libertad sindical, no se considera a las comunidades y no contempla agregación de valor al litio. Hasta ahora el litio se exporta sin o con escaso valor agregado, perdiendo el país la posibilidad de generar ingresos muchísimo más altos que los obtenidos actualmente. Es el momento de pensar en el país; cuando los precios del litio están entre los 25 y 30 mil dólares la tonelada y siguen en alza sería bueno tener una política de estado más ambiciosa y con mirada de futuro.”

Sindicato sudafricano condena el brutal asesinato de trabajadora

El NUM, afiliado a IndustriALL Global Union, condena este brutal asesinato, que califica de feminicidio. Según el sindicato, su cónyuge cortó las llantas del automóvil de Ndaba-Modise con un cuchillo en un centro comercial para que no pudiera escaparse y, mientras ella pedía auxilio en un taller cercano, la siguió y la mató. El presunto homicida está acusado de asesinato y se encuentra en libertad bajo fianza tras comparecer ante el tribunal.

“Sus dos hijos pequeños están traumatizados y atraviesan un momento difícil tras la trágica pérdida de su querida madre. El NUM transmite su más sentido pésame a la familia, los colegas y amigos de la compañera Jessica. La recordamos como una persona alegre, amorosa y preocupada por los demás”,

declaró Kay Pholoba, secretaria regional del NUM para Highveld.

“Esta es una pérdida tremenda para el NUM. Es muy doloroso que además haya sucedido a manos de una persona que dice haberla amado y cuidado. Estamos rodeados de historias de mujeres y niños que son víctimas de los altos niveles de feminicidios en el país. El NUM insta a las organizaciones de género a que se unan y tomen medidas para poner fin a estos asesinatos espantosos y carentes de sentido”,

añadió.

Por su parte Christine Olivier, secretaria general adjunta de IndustriALL, expresó:

“Como organización, reiteramos el mensaje de que nunca toleraremos el acoso y violencia de género (VBG) y seguiremos apoyando las campañas para erradicarlos”.

Una investigación de IndustriALL, que incluyó los sectores de la minería, textil, de la confección, el calzado y el cuero, concluyó que la violencia doméstica es un problema frecuente para las mujeres que trabajan en estas industrias. Este tipo de violencia tiene un impacto negativo en la participación de las mujeres en el trabajo, especialmente en materia de seguridad.
 
IndustriALL organizó una serie de talleres en línea en 2021, con el apoyo de Friedrich Ebert Stiftung, para desarrollar la capacidad sindical con el objetivo de frenar la VBG en el mundo del trabajo, contando con el Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo como una de las herramientas empleadas. Durante la capacitación, se señaló que la violencia doméstica es una amenaza diaria para la vida de las trabajadoras y que los sindicatos deben trabajar con las organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas para erradicarla.

IndustriALL ha elaborado directrices para los sindicatos sobre cómo responder a los impactos de la violencia doméstica en el mundo del trabajo.
 
Más de 40 delegados sindicales de los sectores de la minería, textil y de la confección de Sudáfrica y otros países de África Subsahariana asistieron a la capacitación, y se prevé que este año se extienda a otros sectores. También se espera que los delegados sindicales lleven a cabo una mayor capacitación como “multiplicadores” de las habilidades y estrategias para luchar contra la VBG en sus respectivos sindicatos y países.
 
Sudáfrica ratificó el Convenio 190 para poner fin al acoso y la violencia en el mundo del trabajo en 2021. Sin embargo, los sindicatos reclaman la urgente implementación del Convenio y otras leyes nacionales para eliminar el flagelo de la violencia doméstica y la VBG.