Mensaje de los Sindicatos Mundiales – Día del Trabajo 2012

Los gobiernos deben actuar para lograr una recuperación sostenible y equitativa

Han pasado más de cinco años desde que nos azotó la crisis financiera, seguida rápidamente por una crisis económica todavía más grave. Este terremoto económico nos ha expuesto a los peligros de la financiarización, a tener la economía real a los pies de las finanzas y a dos décadas de una desigualdad creciente. Su impacto ha resultado en millones de personas más en las ya abarrotadas listas de desempleados y millones más en condiciones laborales precarias. Muchos trabajadores han perdido trabajos de calidad y demasiados han perdido los derechos fundamentales que se han ido con esos trabajos.

Los mercados financieros mundiales, abiertos por la desregularización a nivel nacional, no solo han provocado la crisis económica actual, sino también la inestabilidad que ha caracterizado al desarrollo económico de los últimos 30 años, con "burbujas" y crisis periódicas. Todo ello ha convertido en algo mucho más lucrativo hacer dinero del dinero que hacer dinero de la producción de bienes y servicios.

En respuesta a la crisis, los gobiernos, juntos y por separado, se comprometieron en una enorme agitación de actividad sin precedentes, pero los hechos no han reflejado sus promesas. Adoptaron numerosas acciones, rápidas y reales para que la Gran Recesión no se convirtiera en una Depresión, pero el extraordinario cambio a las políticas de austeridad en muchos países está llevando de nuevo a la economía al borde de una nueva recesión.  Y lo que es más, no han recuperado la autoridad que habían cedido a los mercados y sus actores; unos mercados sin legitimidad política. Y, dado que las principales causas de la crisis no se han solucionado, no se ha hecho nada para prevenir desastres en los mercados financieros en el futuro.

La presión de los mercados y los actores financieros también ha alimentado el pensamiento y la conducta a corto plazo. Ha minado los tres pilares del desarrollo sostenible: económico, social y medioambiental.  Ha agravado la situación de los trabajadores, cuyos derechos se encuentran perseguidos por muchos gobiernos y empleadores, tanto nacionales como multinacionales.  Para millones de hombres y mujeres trabajadores, el trabajo es sinónimo de explotación y privación de sus derechos fundamentales, con salarios pobres y condiciones laborales lamentables.  El patrón de explotación que se ha arraigado en el mundo deja cada vez a más personas en una situación de trabajo inseguro o informal y refleja una desigualdad creciente. 

Las arcas públicas se han agotado debido a una serie de ayudas a los bancos que han desembocado en recortes en los programas públicos, un incremento de la desigualdad y un expectativa cada vez más débil de conseguir trabajos decentes y una recuperación sostenible. La "recuperación" ha llegado para los pocos que han provocado la crisis, mientras que sus víctimas siguen sujetas a un "castigo" permanente.  Demasiadas personas, indignadas por la injusticia, pero incapaces de tocar a las poderosas élites, se están poniendo en contra de sus vecinos, incluidos los migrantes, de los que dependen muchas economías sanas. Muchos han perdido su esperanza en las soluciones políticas y se refugian en la apatía y el aislamiento.

En este Día del Trabajo, los Sindicatos Mundiales instan a los gobiernos a asumir sus responsabilidades y unirse para acabar con la crisis. Deben crear trabajos decentes y sostenibles y defender los derechos de las personas en el trabajo. Por todo ello, reivindicamos: