No seremos jóvenes para siempre: por qué sigo dando espacio a los trabajadores jóvenes

Mi padre era camionero. Mi madre trabajó como empleada doméstica para la misma familia blanca. De niña, creciendo bajo el apartheid en Sudáfrica, fui testigo del trato que recibían y de la deferencia que se les exigía simplemente por las realidades raciales y sociales de la época. Esas experiencias sembraron en mí las semillas de la resistencia.

Cuando empecé a trabajar en una pequeña empresa de productos electrónicos donde la mayoría de los trabajadores eran mujeres, reconocí las mismas dinámicas de poder en la planta de producción. Planteé preguntas difíciles. Me opuse cuando se contrató a consultores para cronometrar al personal y exprimir aún más la producción. Como resultado, me convertí en delegada sindical siendo aún muy joven, sustituyendo a una compañera que estaba de licencia maternal. Nunca miré atrás.

Cuento esta historia en el Día Internacional de la Juventud por una sencilla razón. Cuando observo a los jóvenes trabajadores de hoy, veo un reflejo de mí misma: curiosos, críticos, decididos. Alguien me abrió un espacio. Esa es la deuda que cada generación de sindicalistas tiene con la siguiente.

No seremos jóvenes para siempre

Esta es la verdad más difícil sobre la renovación en cualquier movimiento: ninguno de nosotros será joven para siempre. Un sindicato que trate a sus afiliados jóvenes como si fueran los líderes de un futuro lejano se despertará un día sin líderes en absoluto.

Y seamos sinceros: hacer espacio no siempre resulta cómodo. Cada generación teme perder influencia, teme ceder lo que ha construido. Entiendo ese temor. Pero el liderazgo no se ve disminuido por compartir la responsabilidad. Al contrario, esto lo fortalece. La alternativa no es aferrarse al poder, sino ver cómo el movimiento se va encogiendo a nuestro alrededor.

Los trabajadores jóvenes no se quedarán esperando a que resolvamos esa incomodidad. En julio, desde una academia para jóvenes en Filipinas, surgió un plan para una campaña regional de formación sindical en TikTok e Instagram, con el objetivo de llegar a 4000 jóvenes trabajadores y reclutar a 700 nuevos afiliados en siete países en un plazo de seis meses. La iniciativa está liderada por jóvenes sindicalistas como Jean Faye Daguman, copresidenta de nuestro nuevo Comité Regional de la Juventud de Asia-Pacífico. Ese no es el futuro de la organización sindical: esa es la organización sindical.

Lo que aportan los trabajadores jóvenes

Por eso la representación juvenil es una estrategia, no un mero ejercicio demográfico. Los trabajadores jóvenes se están organizando en sectores a los que los sindicatos a menudo han tenido dificultades para llegar. Entienden la organización digital, el trabajo en plataformas y las nuevas formas de empleo precario porque las viven a diario. Aportan nuevas herramientas, además de los valores que siempre han definido nuestro movimiento. Si no somos capaces de organizar a los trabajadores jóvenes, muy pronto hablaremos de IndustriALL como de una organización que existió hace unos años.

De la demanda a la estructura

Los trabajadores jóvenes de IndustriALL llevan más de una década construyendo con paciencia sus propias estructuras, desde las primeras redes regionales de jóvenes hasta la resolución del Congreso de 2021 que declaraba: “¡El futuro es nuestro, el futuro es ahora!”. En nuestro 4.º Congreso, celebrado en Sídney en noviembre de 2025, nuestros afiliados respondieron a este mensaje. Modificamos nuestros Estatutos, fijamos un objetivo del 30 % de representación juvenil en todos los niveles y creamos un Comité Mundial de la Juventud articulado a través de estructuras regionales.

En cuestión de meses, los trabajadores jóvenes fundaron comités regionales en América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del Norte, y Asia-Pacífico, sumándose a las estructuras ya consolidadas en África Subsahariana y Europa. El lema de las Naciones Unidas para este Día Internacional de la Juventud es “Contextos diferentes, aspiraciones comunes”, y no se me ocurre mejor ejemplo: un joven minero de Sudáfrica, una trabajadora de la confección de Camboya y un aprendiz de Argentina viven realidades muy diferentes, pero están construyendo el mismo movimiento.

El 28 de mayo de 2026, el Comité Mundial de la Juventud se reunió por primera vez, y ahora dos representantes juveniles forman parte de nuestro Comité Ejecutivo como miembros de pleno derecho. Nadie les entregó esta estructura. La construyeron ellos mismos.

Me comprometo especialmente a que las mujeres jóvenes encuentren el lugar que les corresponde en nuestros sindicatos. Conozco las barreras a las que se enfrentan porque yo misma me he enfrentado a ellas. Cuando las jóvenes asumen el liderazgo, se benefician comunidades enteras.

¿Qué viene a continuación?

El Comité Mundial de la Juventud se reunirá de nuevo en septiembre y, en noviembre, su primera política sobre la juventud se presentará ante nuestro Comité Ejecutivo. Mi mensaje a los afiliados es sencillo: abran sus estructuras, compartan sus recursos y confíen responsabilidades reales a los trabajadores jóvenes.

Para mí, el liderazgo nunca ha tenido que ver con una posición o un estatus; siempre ha sido una cuestión de servicio. El mejor legado que cualquiera de nosotros puede dejar es que el movimiento quede en mejores manos que aquellas en las que lo encontramos.

No seremos jóvenes para siempre, pero, si lo permitimos, el movimiento sí lo será.